Miles de personas recorren cada día la primera cuadra de la calle Mitre, a pocos metros del Centro Cívico de Bariloche, sin advertir que bajo sus pies se esconde una parte fundamental de la historia de la ciudad. Una discreta ventana de vidrio instalada sobre la vereda permite observar los restos de un antiguo pozo de basura que conservó objetos utilizados entre 1880 y 1930, convirtiéndose en un verdadero portal hacia el pasado.
La denominada “ventana arqueológica” fue impulsada por el Ente de Patrimonio Histórico de Bariloche con el objetivo de acercar a vecinos y turistas a los hallazgos descubiertos durante las obras de remodelación de la calle Mitre. El espacio cuenta con cartelería explicativa y un código QR que brinda acceso a información sobre otros rescates arqueológicos realizados en el área urbana.
Mucho antes de que existiera la calle Mitre tal como se la conoce actualmente, el sector donde hoy se ubica esta ventana arqueológica formaba parte del predio del primer almacén de ramos generales de Bariloche, propiedad de Carlos Wiederhold, uno de los pioneros de la ciudad.

Según explicó la arqueóloga Solange Fernández Do Río, integrante de la Dirección de Patrimonio y Museos de Río Negro, en aquella época era habitual excavar pozos donde se depositaban residuos mezclados con cenizas para reducir olores y evitar la proliferación de insectos.
La práctica se mantuvo durante décadas hasta que, a fines de los años 30, comenzaron las obras para construir el Centro Cívico y abrir los primeros metros de la calle Mitre. El terreno fue nivelado y cubierto, preservando bajo tierra una enorme cantidad de objetos que permanecieron ocultos durante casi un siglo.

Botellas, vajilla y objetos de la vida cotidiana
Entre los elementos recuperados aparecieron botellas de bebidas alcohólicas y gaseosas, medicamentos, cremas, tinteros, un reloj, un peine y piezas de vajilla, todos testimonios de la vida cotidiana de los primeros habitantes de Bariloche.
Uno de los hallazgos más llamativos fue una vajilla de origen belga que conmemora la Revolución de Mayo, identificada gracias a los sellos conservados en su base.

También se encontraron restos óseos de animales faenados con herramientas modernas, lo que permitió a los investigadores confirmar que correspondían a períodos recientes vinculados a la consolidación urbana de la ciudad.
La investigación tomó impulso en 2016, cuando se inició la remodelación integral de la calle Mitre. Ante la ausencia de un estudio de impacto arqueológico, un equipo conformado por especialistas de distintas instituciones comenzó a monitorear las excavaciones.
Participaron profesionales de la Universidad Nacional de Río Negro, el Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB), el Museo de la Patagonia, el Inibioma, el Centro Atómico Bariloche y el Municipio local.

A lo largo de las siete cuadras intervenidas se recuperaron estructuras antiguas y una gran cantidad de materiales vinculados al origen urbano de la ciudad.
Sin embargo, la historia del hallazgo comenzó mucho antes. En 1999, el reconocido arqueólogo Adam Hajduk observó que un comercio de la zona exhibía pequeñas botellas y restos óseos encontrados durante trabajos en la vereda.
Esa casualidad despertó el interés de los investigadores y permitió identificar la existencia del antiguo pozo de residuos, que años más tarde sería estudiado en profundidad gracias a las obras de remodelación.

Un patrimonio que hoy se conserva en el Museo de la Patagonia
Los objetos recuperados fueron trasladados al Museo de la Patagonia, donde forman parte del patrimonio histórico de la ciudad y continúan siendo analizados por especialistas.
El estudio de estos materiales también permitió reconstruir aspectos de la economía regional de principios del siglo XX. Los investigadores determinaron que gran parte de los productos encontrados eran importados y llegaban a Bariloche a través de Chile, una dinámica comercial que comenzó a cambiar con la llegada del ferrocarril en la década de 1930.

Hoy, aquella pequeña ventana sobre la vereda de Mitre ofrece una oportunidad única para mirar debajo de la ciudad y descubrir cómo vivían quienes forjaron los primeros años de la historia barilochense.
Fuente: Medios.

