En un escenario internacional atravesado por la caída del consumo de vino, la actividad vitivinícola de Río Negro busca sostener su crecimiento a partir de una estrategia centrada en la calidad y la identidad regional. Un dato refleja ese posicionamiento: durante 2025, la provincia alcanzó el mayor valor de exportación por litro del país, con US$12,47, impulsado especialmente por variedades como el pinot noir.
La producción provincial todavía se mantiene en una escala reducida. Actualmente hay menos de 1.300 hectáreas de viñedos en producción, que generan alrededor de 4 millones de litros anuales. De ese volumen, aproximadamente el 10% se destina a la exportación.
Para Mariana Cerutti, directora de Vitivinicultura de Río Negro, el desafío está en aprovechar las características naturales de la provincia para diferenciar sus vinos y ampliar su presencia en mercados nacionales e internacionales.

Uno de los principales atributos que identifica la funcionaria es el terroir patagónico, compuesto por el clima, los suelos, las horas de sol y el viento. Según explicó, estas condiciones permiten un manejo cercano a lo orgánico “de forma natural” y favorecen la elaboración de vinos frescos, con una acidez equilibrada y diferentes perfiles a partir de una misma variedad de uva.
El mercado interno continúa siendo el principal destino de la producción rionegrina. En cuanto a las exportaciones, los mercados históricos son Inglaterra, Estados Unidos y Brasil, aunque en los últimos años comenzaron a aparecer nuevas oportunidades.
Entre ellas se destaca Asia, con Japón como uno de los destinos que la provincia busca desarrollar. Cerutti señaló que se trata de un mercado con alto poder adquisitivo y una demanda que puede resultar atractiva para los productores rionegrinos, especialmente en segmentos como espumantes, blancos y pinot noir.
Pinot noir y merlot, las variedades que identifican a Río Negro
Dentro de las cepas cultivadas en la provincia, el Malbec es la variedad con mayor producción, una situación que también se repite a nivel nacional y que Cerutti vincula con las estrategias de promoción que históricamente recibió esta cepa.
Sin embargo, la funcionaria destacó que el verdadero diferencial regional se encuentra en el pinot noir y el merlot, dos variedades que lograron construir una identidad propia en la Patagonia.
“El merlot se da “de una manera espléndida” en la región”, remarcó Cerutti.
El pinot noir, en tanto, tiene una trayectoria de más de un siglo en la vitivinicultura rionegrina y continúa siendo considerado una de las variedades emblemáticas de la provincia. Según explicó la directora, actualmente atraviesa un período de crecimiento y suele comercializarse a valores superiores a los de otras cepas.
Uno de los proyectos que contribuyó a posicionar a Río Negro internacionalmente es el de Piero Incisa della Rocchetta, quien eligió Mainqué para recuperar antiguos viñedos de pinot noir. Allí desarrolla una producción con manejo orgánico y biodinámico a través de la bodega Chacra.
Los vinos elaborados por esta bodega recibieron altas calificaciones de la crítica internacional y contribuyeron a instalar a Río Negro entre las regiones vitivinícolas de referencia para esta variedad.
La diversidad también forma parte de la propuesta provincial. En Río Negro se elaboran pinot noir blancos, espumantes, rosados y tintos de distintos perfiles, una amplitud que, según Cerutti, no se encuentra de la misma manera en otras zonas productoras del país.
Nuevas inversiones y proyectos en distintos puntos de la provincia
El sector también registra nuevos emprendimientos. Hay desarrollos tanto en la costa atlántica como en el Alto Valle, mientras que en Mainqué comenzó la implantación de 12 hectáreas correspondientes a un nuevo proyecto vitivinícola.
La inversión estimada para una hectárea de viñedos ronda los US$25.000, de acuerdo con las referencias mencionadas para estos emprendimientos.
También aparecen nuevas bodegas y plantaciones en la zona cordillerana, donde la actividad continúa sumando proyectos.
Pese a que los volúmenes de producción siguen siendo pequeños, la superficie cultivada se mantiene estable. Cerutti considera que una de las particularidades del sector rionegrino está en el perfil de quienes producen.
La directora sostiene que quienes ingresan o permanecen en la actividad “no lo hacen solo como un negocio comercial, lo hacen por pasión”, conscientes de que se trata de una producción que requiere varios años antes de alcanzar resultados significativos.
“Río Negro muestra una identidad que uno no va a encontrar en provincias como Mendoza, San Juan o Salta, que son provincias centenarias. Río Negro es una provincia joven, con apenas 71 años de constituida y un territorio de grandes extensiones y diversidad de paisajes. La vitivinicultura se ha desarrollado con auténticos productores, las bodegas son familiares y esa autenticidad es lo que nos diferencia del resto. Al ser empresas familiares y no grandes corporaciones, los volúmenes de producción por supuesto son a una escala más reducida, por lo cual Río Negro no puede competir por volumen, ni por precio. Sí competimos con vinos elaborados a menor escala y alta calidad”, describió la funcionaria.
El enoturismo, otra oportunidad de crecimiento
Además de la producción y las exportaciones, Río Negro busca ampliar el desarrollo del enoturismo, una actividad que todavía tiene margen para crecer dentro de la cadena turística provincial.
Según datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) mencionados por Cerutti, el turismo asociado a las bodegas representa alrededor del 25% de los ingresos de estos establecimientos a nivel internacional. El dato adquiere relevancia en un contexto de retracción del consumo de vino, debido a que las experiencias turísticas vinculadas a las bodegas mantienen una evolución positiva.
Actualmente, 17 provincias argentinas ofrecen propuestas de enoturismo. En Río Negro, la actividad se articula a través de La Ruta del Vino de Río Negro, encabezada por el enólogo Marcelo Miras y conformada por 22 bodegas.
La provincia trabaja ahora en un proyecto destinado a ordenar y fortalecer esta actividad como una unidad de negocios dentro del sector vitivinícola.
Un plan para fortalecer la Ruta del Vino
El próximo paso será la implementación de un plan integral de enoturismo, que tendrá una duración estimada de 12 meses y contará con un consultor especializado en desarrollo turístico vitivinícola.
El programa contempla tres etapas. La primera estará enfocada en capacitar a las bodegas en recepción de visitantes, atención al público y otros aspectos vinculados con la actividad turística.
Luego se realizará un trabajo de campo para conocer las características de cada productor, su modalidad de trabajo y el nivel de inversión que cada establecimiento está dispuesto a realizar para desarrollar propuestas turísticas.
La última etapa apunta a conformar un corredor turístico coordinado, con circuitos adaptados a la cantidad de días disponibles de cada visitante y a las ciudades desde las que se desplace, entre ellas General Roca, Cipolletti, El Bolsón, Viedma y Las Grutas.
El foco principal estará puesto en el corredor del Alto Valle, aunque también se buscará fortalecer la participación de El Bolsón, que ya recibe parte del turismo internacional que llega a Bariloche.
Algunas bodegas ya comenzaron a desarrollar experiencias para visitantes. Entre los ejemplos aparecen Bodega Aonikenk, en Fernández Oro; Familia Dellanzo, en Sargento Vidal; y Humberto Tronelli, en Roca.
En el caso de Humberto Canale, una bodega con más de un siglo de trayectoria, ya existe un equipo dedicado específicamente a las propuestas turísticas del establecimiento.
El agua, un recurso estratégico para la vitivinicultura
Entre los factores que despiertan interés en nuevos inversores aparece uno especialmente relevante: la disponibilidad de agua del río Negro.
El caudal y la calidad del recurso hídrico son considerados una ventaja para el desarrollo de nuevos viñedos, particularmente frente a las dificultades que atraviesan otras regiones productoras.
Cerutti señaló que mientras en Cuyo se profundiza el desarrollo de los llamados “vinos de altura” debido a las restricciones de agua en los valles, en Río Negro todavía existen tierras disponibles a valores razonables y condiciones productivas favorables sin necesidad de avanzar hacia mayores alturas.
Ese escenario favorece la aparición de proyectos en sectores como Cipolletti y Cinco Saltos, además de distintas zonas del Alto Valle y el Valle Medio, donde Guardia Mitre aparece como uno de los puntos que atraviesan un proceso de transformación agrícola impulsado por nuevas inversiones en riego.
Con una producción de escala limitada pero enfocada en segmentos de mayor valor, Río Negro busca consolidar su lugar en el mapa vitivinícola a partir de la calidad, la identidad patagónica, nuevos mercados y el desarrollo del enoturismo.
Fuente: Medios.

