Las estadísticas cambian año tras año, pero el problema persiste. En Neuquén y Río Negro, la inseguridad vial continúa siendo una deuda estructural y las rutas siguen acumulando tragedias. Solo durante 2025, ambas provincias registraron 178 muertes por incidentes de tránsito, según datos de la asociación civil Luchemos por la Vida.
El relevamiento marca 81 víctimas fatales en Neuquén y 97 en Río Negro, cifras que reflejan una realidad sostenida en el tiempo: ninguna de las dos jurisdicciones logró consolidar una reducción duradera en la mortalidad vial durante las últimas tres décadas.
El análisis histórico muestra una evolución irregular, con períodos de descenso seguidos por nuevos aumentos.
En Neuquén, las muertes pasaron de 34 en 1995 a 86 en el año 2000. Luego hubo una baja progresiva hasta alcanzar 51 víctimas en 2010, aunque el alivio duró poco: en 2015 se registró el peor dato de toda la serie, con 127 fallecidos. Después volvió una reducción parcial, pero en 2025 la cifra volvió a subir hasta 81.
En Río Negro, el escenario históricamente fue más grave. La provincia registró 111 muertes en 1995, alcanzó picos de 155 en 2000 y 159 en 2010, y luego inició un descenso irregular que hoy la ubica en 97 víctimas fatales.
Uno de los datos más relevantes es que la diferencia histórica entre ambas provincias comenzó a desaparecer. Durante años, Río Negro concentró ampliamente la mayor cantidad de muertes viales de la Patagonia norte. Sin embargo, esa distancia se redujo progresivamente hasta invertirse en 2015, cuando Neuquén superó en víctimas fatales a su vecina.
Actualmente, las cifras tienden a equipararse. Para especialistas, lejos de representar una mejora, esto evidencia que ambas provincias permanecen atrapadas en niveles altos de mortalidad.
Las causas detrás del problema
Especialistas vinculan estas fluctuaciones a distintos factores: el crecimiento del parque automotor, el aumento de motocicletas, el deterioro de rutas y calles, la expansión urbana y la falta de políticas sostenidas de prevención.
También influyeron situaciones excepcionales, como la pandemia de 2020, cuando la reducción de circulación produjo una baja temporal en los siniestros.
Sin embargo, el balance de las últimas tres décadas deja una conclusión preocupante: las muertes viales no muestran una tendencia sostenida a la baja, sino una especie de “meseta alta” que se mantiene con variaciones permanentes.
Los siniestros viales continúan siendo la principal causa de muerte en niños y jóvenes de entre 5 y 29 años en Argentina.
En ese contexto, durante mayo se desarrollará una nueva edición de la Semana Mundial para la Seguridad Vial, que este año tendrá como eje la consigna “Seguridad a pie” y “Seguridad en bici”.
La campaña busca promover formas de movilidad más seguras y sustentables, además de reducir riesgos para peatones y ciclistas, quienes representan más de una cuarta parte de las víctimas fatales del tránsito.
Las medidas que siguen pendientes
Entre las acciones que especialistas y organizaciones consideran prioritarias aparecen:
- Reducir la velocidad máxima urbana a 30 km/h
- Mejorar veredas y sendas peatonales
- Construir ciclovías y bicisendas seguras
- Instalar radares y controles electrónicos
- Incrementar la fiscalización y las sanciones
- Fortalecer el transporte público
- Incorporar reductores de velocidad y semáforos en zonas críticas
Mientras tanto, las estadísticas siguen creciendo y las rutas de Neuquén y Río Negro continúan siendo escenario de tragedias evitables.
Fuente: Medios.

