Hallazgo paleontológico: el deshielo de un glaciar en la Patagonia reveló más de 90 esqueletos de reptiles marinos

Documentaron un yacimiento fósil único en el mundo al quedar expuestos los restos de decenas de ejemplares prehistóricos que permanecían atrapados bajo el hielo.
Hallazgo paleontológico: el deshielo de un glaciar en la Patagonia reveló más de 90 esqueletos de reptiles marinos

El retroceso del glaciar Tyndall, en el extremo sur de Chile, dejó al descubierto más de 90 esqueletos de ictiosaurios, reptiles que dominaron los océanos durante la era de los dinosaurios, hace 131 millones de años. “Permiten reconstruir con un nivel de detalle inédito para el hemisferio sur cómo vivían, cazaban, se reproducían y morían los ictiosaurios”, afirmó Jonatan Kaluza, técnico en paleontología de la Fundación Azara, la Universidad Maimónides y el Conicet.

Cómo era el ictiosaurios, los reyes del océano durante la era de los dinosaurios
Los ictiosaurios eran reptiles marinos. Algunas especies alcanzaban velocidades cercanas a los 40 kilómetros por hora y parían en el mar. Su parecido con los delfines no deriva de un parentesco, sino de la convergencia evolutiva: grupos diferentes adquirieron formas similares ante los mismos desafíos ambientales.

“Su aspecto difería considerablemente del de los reptiles terrestres debido a las adaptaciones que desarrollaron para la vida en el mar. Su cuerpo era alargado y aerodinámico, con aletas rígidas formadas por decenas de huesecillos, ojos enormes protegidos por un anillo de huesos para resistir la presión del agua, y dientes cónicos con los que atrapaban peces, tortugas y calamares”, explicó Kaluza.

La historia comenzó en 1997, cuando los guías Andre Labarca y Natalie Tabenski encontraron fragmentos fósiles río abajo, dentro del Parque Nacional Torres del Paine. El descubrimiento alertó a los especialistas sobre la posible presencia de grandes reptiles marinos en la zona.

Una expedición de la Universidad de Magallanes confirmó en 2003 el potencial paleontológico del lugar. El estudiante Álvaro Zúñiga y el logista Rodrigo Traub hallaron dos esqueletos parcialmente expuestos y articulados en las cercanías del glaciar. A partir de ese momento, el sitio se convirtió en objeto de estudios sistemáticos.

La paleontóloga Judith Pardo-Pérez registró 24 esqueletos entre 2004 y 2006, bajo la supervisión de Marta Fernández, investigadora del Museo de La Plata. Aquel trabajo impulsó un proyecto conjunto entre Chile y Alemania, encabezado desde 2008 por Marcelo Leppe, del Instituto Antártico Chileno, y Wolfgang Stinnesbeck, de la Universidad de Heidelberg.

La conservación de los fósiles tuvo origen en las condiciones del antiguo fondo marino. Corrientes de turbidez cubrieron los cuerpos con arena y barro en poco tiempo, mientras la escasez de oxígeno limitó la acción de carroñeros. Ese proceso permitió que numerosos esqueletos conservaran su articulación.

Fiona, una madre bajo el hielo
Uno de los descubrimientos más importantes ocurrió el último día de la campaña de 2009. A unos 300 metros del frente glaciar, los científicos distinguieron en una roca muy dura la silueta casi completa de un ictiosaurio de unos cuatro metros. Al año siguiente detectaron un pequeño esqueleto entre sus costillas: se trataba de una hembra preñada.

La extracción recién pudo concretarse en 2022. La campaña duró un mes y el acceso exigía entre diez y doce horas de caminata desde el sector Grey, con caballos para el transporte de herramientas. El bloque completo pesaba cerca de 1.200 kilos. El equipo lo dividió en cinco partes y un helicóptero retiró las piezas del valle.

El ejemplar recibió el nombre de «Fiona» después de que un producto aplicado para consolidar los huesos revelara un color verde intenso, casi fosforescente. La tonalidad, causada por plantas briófitas dentro del fósil, recordó a los investigadores a la princesa de la película Shrek.

En el Museo de Historia Natural Río Seco, en Punta Arenas, una tomografía computarizada permitió examinar la pieza sin dañar la roca. “El análisis confirmó que se trata de la especie Myobradypterygius hauthali, un ictiosaurio conocido hasta entonces solo por fragmentos dispersos”, explicó Kaluza.

El feto mide unos 15 centímetros y presenta la cola orientada hacia abajo. Esa posición coincide con la de las crías de ballenas y delfines durante el parto y reduce el riesgo de ahogo. Los estudios también detectaron restos de peces en el aparato digestivo de la madre y señales de una antigua lesión cicatrizada en una de sus aletas.

Los fósiles permanecen bajo custodia y exhibición en el museo chileno. Entretanto, el glaciar continúa su retroceso y descubre nuevas superficies rocosas. El fenómeno abre oportunidades científicas, pero también impone una carrera contra el tiempo: cada nuevo resto expuesto queda a merced del clima y de la erosión. En ese paisaje remoto, el hielo libera capítulos de un océano desaparecido hace 131 millones de años.

Fuente Medios

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