Del subsuelo a la gente: la distribución de los recursos

Los recursos que genera Vaca Muerta se traducen en beneficios palpables para todos los neuquinos. Becas, créditos y obras públicas reflejan un modelo que pone el foco en redistribuir oportunidades.

Neuquén atraviesa una transformación profunda que ya no puede medirse únicamente en estadísticas macroeconómicas, aunque allí también los números sean contundentes. La provincia se consolidó como la de mayor dinamismo del país en generación de empleo privado y registra niveles de consumo que la ubican entre las jurisdicciones con mayor volumen de ventas en supermercados. Sin embargo, el verdadero cambio comienza a percibirse cuando ese crecimiento deja de ser un dato de planilla y empieza a traducirse en mejoras concretas para la vida cotidiana de los neuquinos.

Uno de los ejemplos más nítidos de ese cambio estructural es la implementación del programa provincial Redistribuir OportunidadesBecas Dr. Gregorio Álvarez, una política pública que garantiza acompañamiento económico para las trayectorias educativas en todos los niveles: desde el jardín de infantes hasta la universidad, incluyendo además formación técnica, profesional y capacitación laboral. No se trata de una asistencia aislada, sino de una herramienta de movilidad social que apunta a asegurar permanencia, egreso y reinserción educativa, bajo la premisa de que el desarrollo de Neuquén debe incluir a todos.

Becas Gregorio Álvarez.

En ese marco, el aporte comprometido por la estatal Gas y Petróleo del Neuquén (GyP), presidida por Guillermo Savasta, marca un hito: 3.300 millones de pesos que serán destinados durante este año al financiamiento del programa de becas. A ello se suma el convenio firmado con el Banco Provincia del Neuquén (BPN), encabezado por Gabriel Bosco, mediante el cual la entidad realizará un aporte extraordinario de 4.000 millones de pesos para la ejecución anual del mismo plan. Son, entre ambos,7.300 millones de pesos volcados directamente a garantizar oportunidades educativas para miles de estudiantes neuquinos.

Ese dato encierra además una señal política fuerte: dos empresas del Estado -GyP y BPN- hoy se encuentran fortalecidas, saneadas y convertidas en motores de desarrollo provincial. Allí aparece uno de los méritos centrales de la gestión de Rolando Figueroa: haber consolidado el rol de ambas instituciones como actores decisivos no sólo en la economía neuquina, sino también en la redistribución concreta de recursos hacia políticas públicas de alto impacto social.

Es cierto que Vaca Muerta no nació con esta gestión. Su potencial venía siendo señalado desde hace años y las bases de su desarrollo se asentaron en etapas anteriores. Pero también es cierto que recién ahora comienza a observarse con claridad una traducción directa de esa riqueza en beneficios palpables para la población. Becas masivas, construcción de rutas, un nuevo mapa vial, créditos hipotecarios, financiamiento para emprendedores y herramientas para expandir el empleo privado forman parte de un círculo virtuoso que vincula producción, inversión y bienestar social.

Becas deportivas y créditos para emprednedores.

A esa ecuación también se suma un elemento distintivo del modelo neuquino actual: la participación activa del sector privado. Empresas energéticas acompañan financieramente tanto programas educativos como obras de infraestructura, en una lógica de corresponsabilidad con el desarrollo provincial. Pero ese compromiso empresario tampoco surge espontáneamente; es resultado de reglas claras, previsibilidad y una estrategia de crecimiento que el gobierno provincial puso en marcha para expandir la producción, atraer inversiones y multiplicar la generación de recursos.

La diferencia de fondo es que Neuquén comenzó a convertir su riqueza potencial en prosperidad compartida. Allí radica el cambio de época: en haber logrado que la energía que sale del subsuelo empiece a reflejarse en aulas llenas, rutas en construcción, viviendas posibles y oportunidades reales de progreso. Cuando los dividendos de Vaca Muerta llegan a la educación, al trabajo y al desarrollo social, dejan de ser una promesa de futuro para convertirse en una mejora tangible del presente.

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