La segunda vuelta presidencial en Brasil trasciende la disputa entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro: el resultado puede marcar el rumbo político de América Latina, consolidar el avance de la derecha y definir el margen de acción de Donald Trump en la región. Una victoria de Bolsonaro reforzaría esas tendencias, mientras que un triunfo de Lula le daría al mandatario la posibilidad de resistir ese giro, aunque con enormes dificultades para gobernar.
Durante las últimas tres semanas de campaña, Lula hizo un esfuerzo por revertir una elección que, según las encuestas, llega con un escenario desfavorable para el actual presidente. Su apuesta incluyó medidas destinadas a aliviar la situación económica de la población, pero el desafío es convencer a los votantes de concurrir a las urnas y conseguir que una mayoría vuelva a respaldarlo.

Flávio Bolsonaro, en cambio, optó por preservar su ventaja y evitar errores, especialmente durante los dos debates electorales. Incluso respaldó algunas propuestas de Lula, como la reducción de la jornada laboral y la gratuidad del transporte público durante los fines de semana. Luego concentró sus críticas en dos de los principales puntos débiles del oficialismo: la inseguridad y la corrupción.

El desgaste de Lula refleja una dificultad que atraviesa a numerosos gobiernos de la región y de otras partes del mundo: la exigencia de resultados económicos concretos en plazos cada vez más cortos. La impaciencia social castiga a los oficialismos sin distinguir demasiado entre sus orientaciones ideológicas.
Aunque su tercer mandato tiene resultados para exhibir, estos no habrían alcanzado para que una parte importante de la población percibiera mejoras suficientes en su economía cotidiana. Además, el recuerdo de sus primeros ocho años de gobierno, durante la primera década de este siglo, juega en su contra. Muchos brasileños que se beneficiaron entonces de las políticas que sacaron a millones de personas de la pobreza tienen hoy nuevas demandas materiales que, según el análisis, no fueron satisfechas durante los últimos años.

El otro fenómeno que atraviesa a América Latina es el avance electoral de la derecha. Si Lula pierde, Uruguay quedaría como el único país sudamericano gobernado por la izquierda democrática, de acuerdo con el planteo del artículo. Las administraciones de centroizquierda de Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia tampoco lograron reeditar los resultados económicos y sociales de la primera década del siglo.

La falta de mejoras materiales y las dificultades para ofrecer respuestas frente a la inseguridad debilitaron a esos gobiernos y redujeron su respaldo electoral. En ese contexto, la derecha encuentra condiciones favorables para imponerse en las urnas sin necesidad de presentar grandes transformaciones.
El papel de Trump y el futuro de Cuba
Una victoria de Flávio Bolsonaro también podría facilitar los planes de Donald Trump para América Latina, en particular su objetivo de aumentar la presión sobre Cuba. El presidente estadounidense volvió a referirse recientemente al futuro de la isla y afirmó que los buques de Estados Unidos “pasarán” por Cuba después de la guerra en Irán. También sostuvo que los cubanos se rendirán y que su secretario de Estado, Marco Rubio, se ocupará de resolver la situación.

Por eso, el resultado del balotaje brasileño tiene consecuencias que exceden las fronteras del país. Si Bolsonaro gana, podría consolidarse un escenario regional caracterizado por el castigo electoral a los oficialismos, el protagonismo de la derecha y una mayor capacidad de Trump para avanzar con su agenda.
Si Lula consigue imponerse, en cambio, no necesariamente logrará revertir esa tendencia. Su victoria podría significar un freno temporal al avance de la derecha, pero lo obligaría a gobernar en un contexto adverso, tanto dentro de Brasil como en el escenario internacional, con el desafío adicional de enfrentar un Congreso en el que no cuenta con una mayoría favorable.

Fuente: Medios

