De enseñar robótica a impulsar una ecoaldea: la historia de Alí, el viedmense que busca formar comunidades sustentables en Río Negro

Aprendió a programar y construir robots en el mismo espacio donde hoy da clases a chicos. Desde 2021 también impulsa Ecoaldea Lamat, un proyecto que busca combinar producción de alimentos, bioconstrucción y energías renovables.
De enseñar robótica a impulsar una ecoaldea: la historia de Alí, el viedmense que busca formar comunidades sustentables en Río Negro

Alí Carrasco aprendió robótica en Viedma Digital y hoy regresa a ese mismo espacio como docente. A los 18 años se convirtió al islam y, mientras desarrolla talleres para chicos, trabaja para concretar un proyecto comunitario basado en la agroecología, la bioconstrucción y las energías renovables.

“A los niños les brillan los ojitos cuando construyen algo, lo encienden y se mueve”, cuenta Alí Carrasco, profesor de robótica en Viedma Digital. Su vínculo con la tecnología comenzó en el mismo lugar donde actualmente transmite esos conocimientos a nuevas generaciones.

El joven llegó al programa como estudiante y con el tiempo pasó al otro lado del aula. Allí enseña robótica, programación y modelado 3D, mientras desarrolla una propuesta que busca acercar estas herramientas a chicos y adolescentes.

Pero la tecnología es solo una parte de su recorrido. En paralelo, Alí impulsa Ecoaldea Lamat, un proyecto comunitario que propone combinar producción agroecológica, bioconstrucción, energías renovables y otras prácticas orientadas a una forma de vida sustentable.

Del alumno de Viedma Digital al docente

“Literalmente lo estudié donde lo estoy enseñando. Yo aprendí robótica Arduino en Punto Digital”, recuerda Alí sobre sus primeros pasos en el mundo de la tecnología.

El espacio que comenzó como Punto Digital y luego fue incorporado por el municipio bajo el nombre de Viedma Digital ofrece distintas propuestas de capacitación. La oferta incluye alfabetización digital y herramientas de ofimática para adultos, además de talleres vinculados con robótica e inteligencia artificial.

Para Alí, uno de los objetivos centrales es reducir la distancia que existe entre quienes pueden acceder a determinados conocimientos y quienes quedan al margen de esas oportunidades.

“Hay gente que queda afuera del sistema porque no puede acceder a ese conocimiento”, sostiene.

En sus clases, la intención no es solamente explicar cómo funciona una herramienta. La propuesta busca que los chicos puedan experimentar, construir y comprobar por sí mismos el resultado de lo que hicieron.

“Cuando logran que algo que construyeron funcione, llaman a la mamá, le quieren sacar fotos, y cuando los vienen a buscar no se quieren ir. Eso también nos ha hablado del éxito de estas propuestas”, manifestó.

Los talleres reúnen a estudiantes de entre 8 y 15 años y se convirtieron para Alí en una manera de devolver parte de lo que él mismo recibió cuando comenzó a formarse.

Una ecoaldea como proyecto de vida

Mientras continúa con la enseñanza de robótica y modelado 3D, Alí también dedica tiempo a un proyecto de características muy diferentes: la construcción de una ecoaldea autosustentable.

Ecoaldea Lamat comenzó a tomar forma en 2021, luego de que realizara una formación en diseño de permacultura vinculada con la Ecovilla Gaia, en Buenos Aires.

La propuesta surgió con una idea concreta: crear un espacio comunitario donde fuera posible producir alimentos, compartir conocimientos y desarrollar distintas prácticas vinculadas con el cuidado del ambiente.

El proyecto comenzó con apenas dos integrantes. Sin embargo, la difusión a través de redes sociales, entrevistas y encuentros permitió sumar rápidamente a otras personas. En menos de un año, el grupo llegó a superar los veinte integrantes.

El primer terreno elegido estaba ubicado en las cercanías de una recicladora de Viedma. Allí comenzaron a trabajar en distintas iniciativas de bioconstrucción, plantaciones y manejo del agua.

Pero las dificultades del lugar terminaron condicionando el desarrollo de la propuesta. El agua subterránea presentaba altos niveles de arsénico, el canal tenía disponibilidad durante solamente una parte del año y la presencia de ganado de terrenos vecinos afectaba los cultivos.

“Se volvió insostenible”, resume Alí al recordar aquella experiencia.

El proyecto, sin embargo, no llegó a su fin. La organización continuó trabajando en una nueva alternativa para encontrar un espacio donde desarrollar la propuesta.

La nueva búsqueda: tierras en el IDEVI

Actualmente, Ecoaldea Lamat busca acceder a tierras en la zona del IDEVI para avanzar con una comunidad agroforestal que, además de funcionar como espacio de residencia y producción, pueda abrirse a la comunidad.

La intención es que allí puedan desarrollarse actividades destinadas a escuelas, estudiantes, investigadores y vecinos, con experiencias vinculadas con el ambiente y la producción.

“Una ecoaldea viene a ser un mismo espacio residencial que combina bioconstrucción, energías renovables, tratamiento de residuos y agroecología”, explica Alí.

El proyecto también apunta a convertirse en un espacio de aprendizaje. En ese sentido, el grupo comenzó a trabajar en una propuesta de formación junto con la Universidad Nacional de Río Negro.

La primera etapa contempla desarrollar un curso introductorio sobre permacultura. Más adelante, la intención es avanzar hacia una diplomatura, siempre que puedan disponer de un lugar adecuado para realizar prácticas y experiencias de campo.

“Buscamos armar una especie de laboratorio vivo, con participación de distintas carreras y áreas vinculadas con la agroecología, el ambiente y la producción”, señaló Alí.

La idea es que el eventual espacio permita vincular los conocimientos académicos con experiencias concretas de producción, construcción y cuidado ambiental.

Una historia personal que también transformó su mirada

La búsqueda de una forma de vida comunitaria también está atravesada por otro aspecto de la historia personal de Alí.

A los 18 años se convirtió al islam y adoptó el nombre con el que actualmente se presenta. Su decisión también implicó cambios en distintos aspectos de su vida cotidiana.

En Viedma, donde nació y creció, su apariencia suele despertar curiosidad. La ciudad cuenta con una comunidad musulmana pequeña, integrada por unas cinco o seis personas, que se reúne regularmente para compartir los rezos de los viernes o viaja a otras localidades cuando tiene la posibilidad.

“Me ven con la túnica, muchas veces con el turbante, y me preguntan de dónde vengo, me dan la bienvenida al país, me preguntan si conozco el mate”, relata.

Según cuenta, la mayoría de esos encuentros están marcados por la curiosidad de quienes quieren conocer más sobre una religión que no les resulta familiar.

“A veces hay personas que se acercan con bastante grosería a transmitirte que no les gusta tu religión, pero son muchas más las que se acercan con genuina curiosidad e incluso sin entender, dejan en claro que te respetan”, explicó.

Para Alí, su conversión representó una transformación personal que fue mucho más allá de cuestiones vinculadas con la vestimenta o la alimentación. También modificó su manera de pensar los vínculos con otras personas y la relación con los bienes y recursos.

“Todo pasa por mí como un préstamo y va a seguir de largo cuando yo muera”, explica para sintetizar una mirada basada en la transitoriedad y en la búsqueda de generar el mayor beneficio posible para la comunidad.

Entre las clases de robótica, la formación en permacultura y el proyecto de Ecoaldea Lamat, Alí intenta construir una misma idea desde distintos lugares: compartir conocimientos, producir de manera sustentable y generar espacios donde otras personas también puedan aprender y participar.

Fuente: Medios.

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