Durante la noche, los Bomberos trabajaron intensamente para despejar calles, mientras que desde las primeras horas del día el municipio y distintas organizaciones comenzaron con lastareas de asistencia y reconstrucción.
Antes de iniciar la jornada, el intendente Gustavo Sepúlveda describió el impacto del fenómeno: “Como todos saben, anoche tuvimos una tormenta muy fuerte, con mucha piedra y viento, que afectó a varias familias. Hubo voladuras de techos, roturas de vidrios y, en muchos casos, también entró agua a las viviendas”.
En relación con los primeros relevamientos, señaló: “Anoche registramos al menos tres casas muy afectadas. Hay mucho por hacer”, y advirtió sobre los riesgos en la vía pública: “Tengan mucho cuidado al circular por las calles porque hay muchos cables colgando y en el suelo. Es muy peligroso”.
El jefe comunal dimensionó la magnitud del evento: “Fueron apenas 10 o 15 minutos, pero realmente devastadores”, y agregó que vecinos mayores aseguran que “hacía años que no se veía algo así”.
Daños en barrios y zonas rurales
El impacto fue fuerte y desigual en distintos sectores. Según explicó Sepúlveda, “la colonia Santa Gregoria quedó prácticamente aislada por la caída de árboles”, mientras que en el barrio Unión se registraron cortes de luz y daños importantes.
Los testimonios de los vecinos reflejan la intensidad del temporal. Micaela relató cómo vivió esos minutos: “Cuando empezó la tormenta fue todo inmediato, entre las 20:10 y las 20:20. Empezó a caer piedra con un viento muy fuerte”.
También contó las consecuencias dentro de su vivienda: “Se empezó a filtrar agua, por la misma intensidad de la piedra”, y recordó el miedo del momento: “Fue mucha angustia, mucho miedo”.
A pocas cuadras, Pedro y Patricia Gamboa sufrieron uno de los daños más severos: el viento arrancó el techo de su casa y dispersó chapas por la zona. “Es un peligro, porque no sabés dónde terminan. Algunas llegaron hasta las vías”, señalaron.
A pesar del impacto, coincidieron en el alivio general: “Gracias a Dios no pasó nada más grave, ningún vecino salió lastimado”.
Los relatos coinciden en la violencia del fenómeno: “parecía como un tornado”, describieron vecinos, al recordar cómo el viento levantó techos y estructuras.
Servicios comprometidos y trabajo contrarreloj
Uno de los servicios más afectados es el agua potable. Ramón Bastías, responsable de la cooperativa local, explicó: “Hoy estamos complicados con el servicio porque, al caerse los cables de energía, no podemos hacer funcionar las bombas”.
En ese sentido, aseguró que trabajan intensamente para normalizar la situación: “Tanto nuestro personal como la gente de EdERSA están trabajando para poder restablecer el servicio durante el día”.
Desde el municipio indicaron que la asistencia se organiza de manera articulada: “Estamos trabajando a través del COEM para dar respuestas”, y recordaron que los vecinos pueden solicitar ayuda a las áreas correspondientes.
El golpe más fuerte: la producción
Más allá de los daños materiales, el temporal dejó un fuerte impacto en la producción local.“En muchas chacras ya quedaba poca fruta, y con esto prácticamente se pierde todo. Ha sido una temporada muy dura”, advirtió Sepúlveda.
El jefe comunal alertó además sobre las consecuencias sociales: “Esto afecta no solo a los productores, sino también a los trabajadores. Va a ser un invierno complicado”.
Bastías también describió la situación con crudeza: “Fue un temporal terrible, que afectó a toda la comunidad”, y detalló que “todo lo que es alfalfa y fruta fue muy golpeado”. En su caso personal, los daños también fueron importantes: “Se cayó parte de un nogal y también los pinos altos que tenemos desde hace más de 40 años”.
La conclusión es compartida por productores y vecinos: “Ya hay comentarios firmes de algunas empresas que dan por terminada la temporada”.
En Chimpay, el día después del temporal no es solo de limpieza. Es también el inicio de una etapa compleja, marcada por las pérdidas, la reconstrucción y la incertidumbre.
Lo que dejó la tormenta no fue solo destrucción en pocos minutos, sino el desafío de afrontar un futuro inmediato que, según coinciden todos, será más difícil de lo esperado.