Durante semanas, el nombre de Isabella se repitió en redes sociales, en rifas, festivales solidarios y en gestos anónimos que se multiplicaron sin pedir nada a cambio. En poco más de un mes y medio, una familia logró reunir 35 mil dólares, una cifra que al inicio parecía imposible, pero que terminó siendo alcanzada gracias a una ola de solidaridad que superó todas las expectativas.
Ese esfuerzo colectivo permitirá que la nena de nueve años, que vive con parálisis cerebral, acceda a un tratamiento especializado en México que abre una nueva esperanza para mejorar su calidad de vida.
Rocío, su mamá, todavía intenta dimensionar lo que ocurrió. “Hace un mes y medio no sabíamos si íbamos a poder lograrlo. Lo veíamos muy lejos, era muchísimo dinero y además había otros gastos, pero decidimos intentarlo”, contó. La campaña fue intensa, demandante y emocionalmente agotadora, aunque también profundamente movilizadora. “La respuesta de la gente fue impresionante. No solo de Cinco Saltos, sino de muchísimos lugares. Ver cómo todos se involucraron fue increíble”, relató.

El objetivo era claro y no admitía demoras: el tratamiento debía pagarse en su totalidad y en efectivo antes del 5 de marzo. Cada día contaba. “Fue un mes y medio súper intenso. Dormíamos poco, pensábamos todo el tiempo qué más hacer. Cuando llegamos al monto, no lo podíamos creer”, recordó Rocío. Las fiestas de fin de año quedaron atravesadas por esa emoción. “Las pasamos llorando, pero de felicidad y de alivio”, dijo.
Isabella convive con parálisis cerebral desde muy pequeña. A los cinco meses de vida sufrió una muerte súbita frustrada, un episodio que marcó para siempre la vida familiar. Desde entonces, el día a día se organiza en torno a cuidados, controles médicos y terapias constantes. “Tiene muchas complicaciones, convulsiona todos los días y necesita medicación, pero en general es una nena feliz”, describe su mamá. Esa felicidad, asegura, es el motor que impulsa cada decisión.
Desde el primer momento, la rehabilitación fue una constante. Terapias, tratamientos y seguimiento médico sostenido en el tiempo. Nada fue improvisado. Sin embargo, la posibilidad que hoy se abre es distinta. No promete milagros, pero sí algo que para la familia es enorme: una oportunidad más.
La historia del tratamiento también tuvo algo de casualidad
En marzo del año pasado, Rocío y su familia vieron una película basada en la vida de un niño con parálisis cerebral. Allí se mencionaba esta terapia, que en ese momento solo se realizaba en la India. “Cuando terminó la película nos miramos y dijimos: ¿esto existe de verdad?”, recordó. Esa pregunta dio inicio a meses de investigación, consultas y recaudos. “Uno nunca sabe si estas cosas son reales”, explicó.
Tras enviar estudios e historia clínica, llegó la confirmación: Isabella había sido aceptada para realizar el tratamiento, que hoy solo se aplica en dos lugares del mundo, India y México. La opción elegida fue Monterrey, ya que en la India no hay turnos disponibles hasta 2027.
El procedimiento dura 28 días y está diseñado específicamente para parálisis cerebral. Su objetivo es regenerar células dañadas y generar nuevas conexiones neuronales. “Podría ayudarla en lo motriz, en el habla, en la comunicación. No sabemos cuánto ni cómo, porque cada nene es distinto, pero cualquier mejora es importantísima”, explicó Rocío, con cautela y esperanza.
Entre todas las expectativas, hay una que se impone por sobre las demás: la comunicación. “Para nosotros eso es lo más importante”, afirmó sin dudar. “Hoy Isabella nos tiene a nosotros, pero uno siempre piensa en el futuro. Queremos que tenga herramientas para desenvolverse sola el día que no estemos”. La preocupación es profunda y atraviesa cada decisión. “Si no puede comunicarse, todo se vuelve mucho más difícil. Todo lo que hacemos es pensando en su futuro”.

El viaje a México está previsto para fines de abril. La familia debe llegar el día 27 y el tratamiento comenzará el 28, luego de una serie de estudios iniciales, entre ellos una resonancia para evaluar la actividad neuronal. Al finalizar las sesiones, se repetirán los estudios para analizar posibles cambios.
El proceso, sin embargo, no termina ahí. “Después vienen entre ocho y nueve meses de rehabilitación intensa”, explicó Rocío. Es una etapa clave para estimular y trabajar las posibles nuevas conexiones. “No es inmediato. Hay que trabajar mucho”.
Si los resultados son positivos, el tratamiento podría repetirse, aunque con límites: hasta tres veces como máximo, con intervalos, ya que implica exposición a rayos. Mientras tanto, Isabella continúa con sus terapias habituales en el centro de rehabilitación Mutisias, en Neuquén. Terapia ocupacional, fonoaudiología y kinesiología siguen siendo parte de su rutina diaria. “Son fundamentales antes y después del tratamiento. Si se generan nuevas conexiones, hay que ayudarlas a desarrollarse”, remarcó su mamá.
Con el objetivo económico alcanzado, la familia atraviesa ahora otra etapa. La ansiedad por el viaje convive con la organización y los detalles logísticos. “Estamos con los pies en la tierra, pero con el corazón allá arriba”, resumió Rocío.
La historia de Isabella no es solo la de una nena que viajará a México por un tratamiento. Es también la historia de una comunidad que respondió, de una familia que no se rindió y de una madre que transformó la incertidumbre en acción. Durante un mes y medio, cada gesto solidario fue un paso más. Hoy, Isabella se prepara para escribir un nuevo capítulo, acompañada por todos los que, de alguna manera, ya son parte de su camino.
Fuente: Medios.

