Unos 2.000 habitantes forman parte de la comunidad de Pomona, una localidad que se formalizó hace 93 años a orillas del río Negro, al sur de Choele Choel, en pleno Valle Medio. Sin embargo, su historia y el desarrollo de la comunidad se remontan aún más atrás y conforman una trayectoria que, en los hechos, ya supera el siglo.
Al frente del municipio se encuentra Miguel Jara, quien lleva varios años como intendente y conoce de cerca las distintas etapas que atravesó la localidad desde el Ejecutivo municipal. Nacido en Allen, Jara se radicó desde pequeño en Pomona, donde formó su familia y donde hoy comparte la vida cotidiana con sus hijos y sus diez nietos.
Esa pertenencia también marca su vínculo con la comunidad. En una localidad pequeña, la función pública se mezcla inevitablemente con la vida diaria: el intendente comparte espacios y actividades con los mismos vecinos a los que debe atender desde el municipio.
Desde la sede municipal, ubicada frente al paisaje verde que le dio a Pomona el reconocimiento como el “Jardín de la Provincia”, Jara busca sostener los servicios esenciales y acompañar las necesidades de los habitantes con los recursos disponibles.

En un contexto económico que presenta mayores dificultades, una parte importante del trabajo municipal está vinculada con la asistencia social. Desde el área de Desarrollo Humano se canalizan pedidos de alimentos, medicamentos, traslados sanitarios y distintas coberturas de salud, destinados principalmente a vecinos que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
Esta realidad también modificó las prioridades a la hora de administrar los recursos. Según explicó el intendente, las posibilidades de realizar inauguraciones se redujeron y las obras de mayor envergadura quedan principalmente sujetas a las gestiones y programas impulsados por el Gobierno provincial.

Mientras tanto, el municipio concentra esfuerzos en sostener las prestaciones cotidianas, afrontar los gastos sociales y mantener en condiciones la infraestructura local. Entre las tareas habituales se encuentra el mantenimiento de más de 35 kilómetros de calles rurales, una tarea indispensable para garantizar la conectividad de quienes viven y trabajan en esa zona.

El empleo también forma parte de las herramientas que utiliza el municipio para contener el impacto de la situación económica. Además de los salarios de los trabajadores de planta, se mantiene la incorporación de personas que realizan tareas eventuales a cambio de una contraprestación. El esquema permite generar alternativas laborales en una localidad donde las oportunidades de empleo no son numerosas.
En materia financiera, Jara señaló que la coparticipación no sufrió una reducción, aunque el incremento de los costos genera presión sobre las cuentas municipales. Frente a ese escenario, Pomona cuenta con un nivel de cumplimiento de las tasas que se mantiene en torno al 85%, una recaudación que el municipio logró sostener mediante la vinculación de determinados trámites y gestiones con el cumplimiento de las obligaciones tributarias.

Pese a las dificultades, la localidad mantiene sus expectativas de crecimiento y actividad. Una de las fechas más importantes del calendario es la apertura de la temporada de verano, prevista para el martes 15 de diciembre de 2026. La vida junto al río y las actividades recreativas en la ribera forman parte central de la identidad de Pomona y constituyen uno de sus principales atractivos.
A la actividad turística se suma otro proceso que genera expectativas: el crecimiento de la producción hortícola. La diversificación productiva comenzó a modificar la dinámica de la zona rural y contribuye a revertir, al menos parcialmente, el éxodo que durante años afectó a esas áreas.
La fruticultura, que históricamente tuvo un papel importante, perdió protagonismo y actualmente quedan alrededor de cuatro establecimientos dedicados a esos cultivos. En cambio, ganaron espacio producciones como cebolla, ajo y pasturas destinadas al forraje.

El movimiento que generan estas actividades no solamente permite sostener parte de la población rural, sino que también favorece la llegada de nuevos residentes. De esta manera, la producción aparece como uno de los factores que ayudan a mantener activa a la comunidad y a generar nuevas oportunidades.
El nombre de Pomona también está relacionado con su identidad productiva. La denominación elegida por Rosauer hace referencia a la diosa romana de los frutos, una figura que además quedó representada en una escultura realizada por el artista reginense Francisco Acosta.

En el marco del aniversario, la localidad sumará además algunas obras y mejoras esperadas por la comunidad. Entre ellas se encuentra la habilitación de un nuevo gimnasio y la llegada de fondos para concretar el alumbrado del Club Atlético local, con una inversión de 60 millones de pesos, distribuida en dos etapas.
Las celebraciones por los 93 años tendrán, como es tradición, actividades vinculadas con las costumbres rurales. El aniversario será acompañado por baile campero y destrezas criollas, en una jornada que combinará festejo, identidad local y el encuentro de una comunidad que continúa creciendo a orillas del río Negro.

Fuente: Medios.

