En un contexto donde varias provincias miran con preocupación los vencimientos de deuda en dólares previstos para 2026, la gestión del gobernador Rolando Figueroa aparece entre las menos comprometidas. No se trata de una casualidad, sino del resultado de una estrategia fiscal y política que busca tomar distancia del esquema heredado de la administración de Omar Gutiérrez, marcado por el endeudamiento externo.
De acuerdo con un relevamiento reciente, los gobernadores deberán afrontar el próximo año pagos por alrededor de 750 millones de dólares en concepto de deuda en moneda extranjera. La cifra reavivó el debate sobre la sostenibilidad fiscal de las provincias y puso bajo la lupa la capacidad de cada distrito para cumplir con sus obligaciones sin comprometer su funcionamiento.
En ese escenario, Neuquén se ubica entre las provincias con menor carga relativa. Mientras la provincia de Buenos Aires deberá enfrentar vencimientos por 784 millones de dólares, la Ciudad de Buenos Aires por 376 millones, Santa Fe por 240 millones y Córdoba cifras similares, Neuquén registra compromisos por 179 millones de dólares, muy por debajo de los distritos más endeudados.
Desde el inicio de su mandato, Figueroa optó por no esconder la deuda ni utilizarla como argumento de crisis, sino contextualizarla. Los compromisos en dólares que hoy afronta la provincia no fueron generados por su gestión, sino que responden a decisiones tomadas en un ciclo político anterior, cuando el endeudamiento externo era presentado como una herramienta de desarrollo que, en muchos casos, no se tradujo en las obras que la sociedad demandaba.

El cambio de rumbo se reflejó en una política de contención del gasto y priorización de la inversión pública. La actual administración puso el foco en la construcción de rutas, escuelas, hospitales, destacamentos policiales y salones de usos múltiples, con una lógica de regionalización que permitió llevar infraestructura a zonas históricamente postergadas. Allí donde el sector privado no llegó, el Estado provincial asumió un rol protagónico.
Esta posición financiera también le otorga a Neuquén mayor margen de maniobra en la mesa federal. En un escenario nacional donde muchas provincias negocian con la urgencia que impone la deuda, Figueroa combina el cumplimiento de los compromisos con un reclamo político firme: el reconocimiento del rol estratégico de Neuquén como motor energético del país y, en consecuencia, una distribución de recursos acorde a ese aporte.
Desde esta perspectiva, la deuda deja de ser únicamente un dato contable y se convierte en una herramienta de posicionamiento político. Provincias con menor peso estratégico que Neuquén cargan hoy con obligaciones mucho más abultadas, producto de gestiones que apostaron al endeudamiento sin un plan de largo plazo.
La administración de Figueroa ya dejó claras sus señales: austeridad, previsibilidad y transparencia, pilares que buscan dar seguridad jurídica a las inversiones en Vaca Muerta y, al mismo tiempo, preparar a la provincia para un futuro más allá de los hidrocarburos. La herencia fue pesada, pero a diferencia de otros distritos que comienzan el año condicionados por los vencimientos, en Neuquén la deuda no marca la agenda.
Fuente: Medios.

