Los incendios forestales que afectan desde hace semanas a la Patagonia, y en particular a la provincia del Chubut, ya provocaron la destrucción de más de 30.000 hectáreas de bosque nativo, según estimaciones preliminares de organismos oficiales y organizaciones ambientalistas. La magnitud del daño ambiental encendió nuevas alertas y renovó las críticas por la falta de recursos y planificación frente a un escenario climático extremo.
En ese contexto, la organización Greenpeace realizó sobrevuelos sobre algunas de las zonas más afectadas, como Puerto Patriada, El Hoyo y Epuyén. Las imágenes aéreas obtenidas muestran extensas áreas de bosque completamente calcinadas y un impacto ambiental que, según especialistas, demandará más de un siglo para su recuperación.
“Lo que vive Chubut es un ecocidio anunciado. Se sabía que iba a ser un verano de sequía extrema, con muy pocas lluvias y nevadas durante el invierno, y aun así los recursos para el combate del fuego no alcanzaron”, afirmó Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace.
Datos oficiales respaldan este diagnóstico. Un informe de la Dirección Provincial de Aguas de Río Negro indicó que durante 2025 las precipitaciones en la región cordillerana disminuyeron un 43% y la acumulación de nieve estuvo un 37% por debajo del promedio anual. A esto se sumaron temperaturas inusualmente altas: el Servicio Meteorológico Nacional registró valores hasta 7 grados por encima de la media histórica en amplias zonas de Chubut, Río Negro y Neuquén durante las primeras semanas de enero.
Según los reportes preliminares, los incendios más severos se concentraron en Puerto Patriada, El Hoyo y Epuyén, donde el fuego consumió unas 15.000 hectáreas. En el Parque Nacional Los Alerces, el área afectada ronda las 12.000 hectáreas y el incendio continúa activo. En la zona de El Turbio se registraron daños sobre unas 3.000 hectáreas. En algunos sectores, además del bosque nativo, se vieron afectadas plantaciones productivas y viviendas, con al menos 34 casas destruidas.
El área total arrasada cuadruplica la registrada en la temporada anterior y convierte a esta serie de incendios en una de las más graves de las últimas tres décadas en la región.
Desde Greenpeace advirtieron también sobre el debate en torno a la Ley de Manejo del Fuego. “No se puede retroceder en una norma que impide la venta de tierras quemadas y busca frenar la especulación inmobiliaria asociada a incendios intencionales”, sostuvo Giardini, quien reclamó además un refuerzo urgente del Sistema Nacional de Manejo del Fuego y mayor apoyo financiero a las provincias.
Las organizaciones ambientalistas coinciden en que el 95% de los incendios tiene origen humano, ya sea por negligencia, accidentes o acciones intencionales. Fogones mal apagados, quema de residuos forestales, preparación de áreas de pastoreo y descuidos durante actividades recreativas aparecen entre las principales causas.
También alertaron sobre el impacto posterior al incendio. Las especies exóticas, especialmente los pinos, se expanden con mayor rapidez sobre los terrenos quemados que el bosque nativo, lo que dificulta la regeneración natural y profundiza la pérdida ambiental.
Finalmente, remarcaron la falta de personal especializado. Trabajadores de la Administración de Parques Nacionales denunciaron que cuentan con unos 400 brigadistas, cuando el mínimo necesario sería de 700 para cubrir las más de cinco millones de hectáreas bajo su jurisdicción y asistir a las provincias cuando la situación lo requiere.
Especialistas coinciden en que, sin una política integral de prevención, educación ambiental y control territorial, los incendios seguirán repitiéndose con consecuencias cada vez más graves para los ecosistemas patagónicos.

