La legislatura aprobó trescientos millones para obras mientras se discute el presupuesto 2026 en la legislatura. Figueroa anunció una disminución de impuestos para las Pymes. Las negociaciones salariales del sector público el centro de la agenda.
Digeridos los resultados electorales de octubre, la política se zambulle en la discusión anual sobre los presupuestos para el próximo año. Un asunto central para la administración de los recursos públicos aunque ajeno a la atención de la gran mayoría de la población, que entre incrédula y ocupada en su día a día, percibe los grandes números como abstracciones extrañas a su vida cotidiana.
El gobierno neuquino obtuvo en la legislatura autorización para tomar deuda por trescientos millones de dólares. Se trata de fondos del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento. La tasa no alcanza el seis por ciento y tiene un periodo de gracia de siete años. El destino está centrado en la realización de obras para infraestructura vial, saneamiento y agua. Los desembolsos de los organismos internacionales exigen para su concreción la rendición de los avances correspondientes. Se trata de un mecanismo financiero que la neuquinidad utiliza para sostener el ritmo de obra pública a pesar del bajo precio internacionales del barril, los pasivos que vencen en 2026 y un nivel de gastos corrientes que, en términos reales, aun no alcanza parámetros normales.

Con todo, la defensa de los créditos alcanzó casi-consenso en la legislatura. A excepción de la bancada peronista y los representantes de la izquierda, la gran mayoría de los espacios políticos evaluaron positiva y necesaria la realización del listado de obras incluidas en el destino de los recursos. La obra pública, sobre todo orientada a la conectividad terrestre y el postergado acceso a servicios básicos en muchas localidades de la provincia, es uno de los estandartes que Rolando Figueroa sostiene en su gestión. El retraso elocuente que exhibe el desarrollo del interior, junto a las buenas calificaciones crediticias que alcanza Neuquén en los organismos internacionales, brindan argumentos al oficialismo para contrastar los nuevos pasivos con las esperadas obras.
Al mismo tiempo, los treinta y cuatro diputados evalúan el presupuesto 2026 presentado por le ministro de economía, Guillermo Koenig, en la comisión de hacienda. Atado a las pautas macro- fiscales establecidas por nación, las estimaciones del ejecutivo provincial se calculan sobre la inflación del 10,1 por ciento y un precio del dólar cercano a los mil cuatrocientos pesos. A partir de la firma del consenso fiscal entre nación y las provincias, los presupuestos subnacionales respetan las picardías financieras calculadas por el ejecutivo nacional. Ni consultoras ni agentes del mercado creen realmente en la concreción de esas estimaciones. Se trata de cálculos a la baja que forman parte de los usos y costumbres de la política argentina y las especulaciones 2026 no romperán la tradición.

Más allá de la suerte que corran los cálculos del ministro Luis Caputo, en Neuquén el presupuesto 2026 exhibe opulencia y superávit. Según explicaron los funcionarios de Figueroa ante la comisión de hacienda en la legislatura neuquina, el total de gastos asciende a “7,5 billones de pesos de ingresos con gastos por 6,2 billones”. Un presupuesto con superávit, incluso ante las previsiones de caída en el precio del barril de petróleo que, en el periodo que inicia, podría sufrir una merma superior a la de 2025. Si bien las estimaciones no contemplan aun el acuerdo salarial con los sindicatos del sector público, Koenig detalló que existe una reserva no asignada a la espera del resultado de las negociaciones en marcha. Sea cual fuere el caso, las estimaciones provinciales intentan dos objetivos centrales: sostener la prepotencia en los niveles de ejecución de obra pública y adecuar las finanzas a una de las demandas omnipresentes en la opinión pública: reducir los gastos innecesarios. Todo indica que Figueroa obtendrá en los próximos días la aprobación de su ley de leyes. Los votos están.

A las discusiones en torno a las cuentas públicas se sumó una variable sorpresa. Desde Chos Malal, el gobernador Rolando Figueroa anunció una reducción en el Impuesto a los Ingresos Brutos para “43.700 contribuyentes”. El beneficio rondará el treinta por ciento del tributo y se destina principalmente a aliviar a las Pymes neuquinas. La medida se conoció este sábado a través de la red social X del mandatario neuquino. Se trata de un gesto hacia la economía real. A la espera del debate de la reforma tributaria que tendrá lugar en el congreso, la pequeña y mediana empresa atravesada por la caída general de la actividad económica y el ajuste, aun espera alguna relación causal entre la estabilidad y la microeconomía. El sector genera el ochenta por ciento del empleo en el país, sin embargo, las noticias grandilocuentes que el oficialismo nacional desparrama en torno a las virtudes del mercado y los presupuestos superavitarios, contrastan con altas cargas impositivas. De allí que el pequeño y mediano empresario reclame ante un Estado “todavía muy caro”. Los detalles del anuncio que hizo público el gobernador neuquino se conocerán en el proyecto de ley que reciba la legislatura. Más allá de los pormenores, se trata de una buena y esperada noticia para quienes producen y tributan en la provincia.
Antes de que el clima de fin de año invada el ánimo de los neuquinos, se espera que las previsiones para el 2026 queden aprobadas por la legislatura, que las negociaciones salariales alcancen acuerdos racionales y que las cuentas públicas honren su razón de ser en la vida cotidiana de la ciudadanía.

