Las tormentas de granizo volvieron a golpear con fuerza a la producción frutícola de Río Negro y encendieron las alarmas en pleno inicio de la temporada. Ante el impacto sufrido por las plantaciones de manzanas y peras, el gobernador Alberto Weretilneck declaró la emergencia climática en las regiones del Alto Valle, Valle Medio y Río Colorado, una medida clave para aliviar la situación de cientos de productores afectados.
El decreto se firmó tras registrarse 482 declaraciones juradas, de las cuales al menos 230 consignan daños de hasta el 50%. La declaración de emergencia permitirá postergar el vencimiento de los tributos provinciales y es, además, el requisito formal para que el Gobierno nacional adopte una resolución similar, que habilitaría el diferimiento de impuestos nacionales por al menos un año, especialmente aquellos administrados por la ARCA
El secretario de Fruticultura, Facundo Fernández, anticipó que la temporada que comienza en los próximos días estará marcada por una merma significativa en los volúmenes cosechados. Según las estimaciones oficiales, la producción de peras podría caer entre un 15% y un 20%, mientras que en manzanas la reducción sería aún mayor, entre un 35% y un 40%, con variaciones según la variedad.

En declaraciones radiales, el funcionario explicó que las tormentas de granizo, especialmente la del 10 de noviembre, afectaron cerca de 2.200 hectáreas. “Hay fruta muy dañada y otra que, aunque no esté rota, quedó marcada, lo que implica no solo menos volumen, sino también fruta que no será apta para exportación”, señaló.
Fernández advirtió además que el riesgo climático persiste, ya que el granizo suele presentarse tras jornadas de altas temperaturas. “Estamos en una zona de gatillo y todavía no podemos descartar nuevos episodios”, alertó.
Heladas, otro golpe a la producción
A los daños por granizo se sumaron heladas tardías, que también impactaron de manera desigual según el cultivo. En el caso de las manzanas, el funcionario atribuyó parte de la caída en la producción a estos eventos climáticos, mientras que recordó que el sector viene de dos cosechas consecutivas de alto volumen, lo que también incide desde el punto de vista agronómico.
El panorama es aún más complejo para otros cultivos. Fernández confirmó fuertes pérdidas en frutos secos, tras una prolongada helada registrada en septiembre. “En avellano estamos hablando de una caída del 80% y en nogal de un promedio del 50%”, precisó, lo que anticipa una temporada con volúmenes significativamente más bajos.
La declaración de emergencia se concretó “contrarreloj”, según explicó Fernández, pese a que el último evento climático ocurrió a mediados de diciembre. Previamente, se activó el protocolo previsto por ley, que incluye la participación del INTA, la Agencia de Recaudación Tributaria y la autoridad de aplicación provincial, con la presentación de informes técnicos y climáticos.
La medida habilita un diferimiento impositivo masivo para los productores alcanzados. Aquellos con más del 50% de daño quedan encuadrados en emergencia, mientras que los que superan el 75% son considerados en situación de desastre agropecuario. Además, ya se elevó un pedido al Gobierno nacional para postergar el pago de cargas sociales, un punto clave para sostener el empleo rural.
Rentabilidad en jaque y reclamos estructurales
Más allá de la coyuntura climática, Fernández subrayó que la recuperación de la rentabilidad del sector frutícola depende de mejorar la eficiencia productiva, lo que requiere cambios de fondo. Entre los principales reclamos mencionó una reducción de la carga impositiva y un nuevo esquema laboral, al remarcar que los países competidores del hemisferio sur enfrentan condiciones fiscales mucho más favorables.
También puso el foco en el costo energético, especialmente para la conservación de la fruta destinada al consumo en el segundo semestre. “No puede tener la misma carga impositiva que un aire acondicionado de un shopping”, cuestionó, y recordó que este planteo ya fue elevado al Gobierno nacional.
Otro punto crítico es el acceso al financiamiento. Fernández reclamó créditos de largo plazo para inversiones estratégicas como malla antigranizo o riego por aspersión. “Son inversiones que retornan en siete u ocho años y hoy no contamos con herramientas acordes”, explicó, al señalar que más de 400 productores resultaron afectados por el granizo.
“Teniendo resueltos estos factores, podemos aprovechar la calidad de nuestro clima, las horas de luz y la disponibilidad de agua”, concluyó. “Si no, es como tener un maratonista con los pies atados”.
Fuente: Medios.

