Formar para producir: la escuela que transforma jóvenes en técnicos agropecuarios
La Escuela Agraria Alto Valle Este combina teoría y práctica para preparar a estudiantes con fuerte inserción en el sector productivo regional
Lucía Palma
Desde hace más de quince años, unainstitución de Villa Reginasostiene una premisa clara: formar jóvenes que no solo comprendan la actividad agropecuaria, sino que también puedan integrarse activamente a ella.
La Escuela Agraria Alto Valle Este se ha consolidado como una referencia regional en educación técnica con fuerte arraigo territorial, donde la teoría se articula con la práctica diaria y el aprendizaje surge del contacto directo con los procesos productivos.
“El proyecto comenzó a funcionar en 2009 por iniciativa de la Cámara de Comercio, la Cámara de Productores y el Consorcio de Riego”, explicó a Río Negro Rural el director de la institución, Pedro Durán. “La idea era generar una propuesta formativa vinculada a las actividades productivas de la región, ya que no existía una escuela con esa orientación específica”.
Desde entonces, la institución no ha dejado de crecer. Hoy cuenta con alrededor de 260 estudiantes y presenta una característica significativa: la matrícula femenina ya supera levemente a la masculina, algo poco habitual en un sector históricamente asociado a los varones.
Formación integral con inserción laboral concreta
La propuesta educativa se mantiene firme en el tiempo: formar técnicos agropecuarios con herramientas reales para el trabajo, sin descuidar una base sólida que permita continuar estudios superiores.
“Buscamos una formación integral, que les permita seguir estudiando, pero también insertarse rápidamente en el mundo laboral si lo necesitan”, señala la vicedirectora Soledad Gajdos.
El título habilita a los egresados a incorporarse al sistema productivo local, tanto en tareas operativas como en funciones intermedias. “La idea es formar mandos medios, auxiliares de ingenieros agrónomos, personal capacitado en riego, nutrición animal y análisis de suelos”, agrega Rómulo Zanini, presidente de la Fundación que sostiene la escuela.
Este perfil responde a una demanda concreta del sector productivo, donde la tecnificación avanza, pero muchas veces falta personal calificado para su implementación.
Uno de los rasgos distintivos de la escuela es su fuerte orientación práctica. Lejos de limitarse al aula, los estudiantes trabajan en el campo, en contacto directo con animales, cultivos y sistemas productivos.
“Queremos que no aprendan mirando un video, sino haciendo las cosas ellos mismos”, resume Zanini.
La formación incluye producción hortícola a cielo abierto y bajo cubierta, manejo de montes frutales, uso y mantenimiento de maquinaria agrícola, cuidado de rodeos y tareas de infraestructura rural.
“Buscamos equilibrar teoría y práctica, pero priorizando experiencias significativas”, sostiene Gajdos.
Vínculo con el sector productivo
La articulación con empresas, organismos técnicos y productores es otro pilar fundamental. Este trabajo conjunto permite a los estudiantes acceder a prácticas, capacitaciones y experiencias reales.
“Muchas veces las empresas nos piden recomendaciones cuando necesitan personal, y nosotros tratamos de generar ese vínculo con los estudiantes”, comenta Pedro Durán.
Este intercambio no solo facilita la inserción laboral, sino que también mantiene a la institución actualizada frente a los cambios tecnológicos del sector, como el uso de drones en agricultura.
Producción propia y compromiso cotidiano
Dentro del predio escolar, los estudiantes participan en múltiples actividades productivas: huerta, granja, apicultura, producción animal y procesos de industrialización de alimentos con valor agregado.
“Ellos se encargan de todo el proceso: producción, cuidado y comercialización”, detallan.
Forman parte del sistema gallinas ponedoras, pollos parrilleros, conejos, ovejas, colmenas y bovinos, junto con talleres de carpintería y herrería. “Hay actividad los 365 días del año”, destacan.
La institución funciona como escuela pública de gestión privada: el Estado cubre los salarios docentes, mientras que la Fundación sostiene gran parte del funcionamiento diario. “Todo lo demás se mantiene con el aporte de las familias y el trabajo de la Fundación”, explica Rómulo Zanini.
La comunidad participa activamente en ferias y eventos como la Fiesta Provincial del Chorizo Casero, que ayudan a visibilizar el trabajo y recaudar fondos.
Formación técnica y humana
Más allá de la formación profesional, desde la institución destacan el desarrollo humano de los estudiantes como un aspecto central. “Se sienten parte de la escuela y la muestran con orgullo”, señalan.
El objetivo es formar no solo técnicos, sino también personas con valores como responsabilidad, respeto y trabajo en equipo.
Con el paso de los años, la escuela ha ampliado sus espacios productivos y fortalecido vínculos. La demanda de ingreso sigue creciendo.
“La escuela mejora año a año y buscamos que los egresados salgan con herramientas sólidas”, afirma Pedro Durán.
En una región donde la producción agropecuaria es clave, la Escuela Agraria Alto Valle Este cumple un rol estratégico: formar jóvenes preparados para el trabajo, pero también para ser protagonistas del futuro del sector.