Estados Unidos confirmó la captura de un petrolero vinculado a Venezuela y registrado como buque ruso, en una operación realizada en el Atlántico Norte tras dos semanas de persecución. El episodio elevó la tensión entre Washington y Moscú y se convirtió en un nuevo capítulo del conflicto geopolítico en torno al petróleo venezolano.
El buque, identificado como Marinera -anteriormente denominado Bella-1-, navegaba bajo bandera rusa y transportaba crudo venezolano. Según la información difundida, su incautación generó una crisis diplomática luego de que Rusia enviara un submarino de su Armada para escoltarlo e intentar evitar que fuera interceptado por fuerzas estadounidenses.
Imágenes de fuerzas estadounidenses confiscando un petrolero con bandera rusa en el Atlántico.
— Wall Street Wolverine (@wallstwolverine) January 7, 2026
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La operación se encuadra dentro de la ofensiva impulsada por el presidente Donald Trump, quien el 16 de diciembre anunció un “bloqueo total” sobre las exportaciones energéticas de Venezuela. La medida apunta a restringir el flujo de recursos hacia el entorno del régimen de Nicolás Maduro y a cortar canales de financiamiento considerados ilegales por Washington.
De acuerdo con declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, el objetivo de esta política es asfixiar financieramente a los remanentes del chavismo y bloquear el accionar de intermediarios internacionales que seguirían movilizando crudo venezolano en mercados externos.
En ese contexto, Estados Unidos informó un balance de acciones navales recientes. El buque Skipper fue incautado el 10 de diciembre cuando se dirigía a China, mientras que el Centuries fue abordado el 20 de diciembre y autorizado a continuar su viaje tras una inspección. El Marinera, en cambio, quedó bajo custodia estadounidense tras una persecución prolongada. Además, se reportó la intercepción de otro petrolero vinculado a Venezuela en aguas latinoamericanas durante las últimas 48 horas.
Especialistas del sitio TankerTrackers.com alertaron sobre el uso de la táctica de los llamados “buques fantasma”. Según ese relevamiento, al menos 16 petroleros sancionados habrían desaparecido de los radares satelitales tras zarpar desde puertos venezolanos. Doce de ellos habrían apagado sus sistemas de identificación automática, mientras que otros cuatro estarían utilizando técnicas de falsificación de señales GPS para ocultar su destino.
El movimiento de estas embarcaciones respondería a una urgencia operativa. Las instalaciones de almacenamiento de crudo en Venezuela se encontrarían al límite de su capacidad y, de no liberar espacio, el sistema petrolero correría riesgo de sufrir daños estructurales graves.
Mientras tanto, en Caracas, la situación interna también se habría tensionado. La salida de estos buques sin autorización oficial habría expuesto fisuras en el control de la estatal PDVSA y representaría el primer gran desafío de autoridad para la conducción interina del gobierno venezolano.
Fuente: Medios

