La meseta de Baguales, en la provincia de Río Negro, quedó en el centro de una inversión que combina energía, uso del agua y desarrollo turístico de alta gama en una de las zonas cordilleranas más sensibles de la Patagonia argentina. El proyecto está vinculado al empresario qatarí Abdulhadi Mana A Sh Al Hajri, asociado al control de unas 10.000 hectáreas adquiridas a través de la firma Baguales Acquisitions S.A., con destino a un emprendimiento residencial y turístico premium cercano a San Carlos de Bariloche.
Uno de los ejes del plan es el componente energético, que contempla la instalación de tres microcentrales hidroeléctricas —denominadas ChiBa I, ChiBa II y ChiBa III— sobre el arroyo Baguales. Según la información oficial, el sistema tendría una potencia total de hasta 920 kW, es decir, menos de 1 MW, y estaría destinado exclusivamente al abastecimiento interno del proyecto, sin inyección de energía al sistema interconectado nacional.
Sin embargo, el punto más sensible del emprendimiento no es la generación eléctrica, sino el acceso al agua pública. De acuerdo con documentación publicada en el Boletín Oficial de Río Negro, se detallan caudales máximos de captación estacional, que alcanzan los 42 litros por segundo para ChiBa I, 200 l/s para ChiBa II y hasta 350 l/s para ChiBa III durante los meses invernales, junto con referencias al avance de los trámites administrativos para la obtención de los permisos correspondientes.
En paralelo, el proyecto se inscribe en un contexto de creciente vínculo político y comercial entre Río Negro y Qatar. El gobernador Alberto Weretilneck informó oficialmente que mantuvo una reunión con el embajador qatarí Battal M. Al Dosari, en la que abordaron temas vinculados a la fruticultura, la ganadería, la agricultura provincial y posibles intercambios económicos y productivos.
Ahora, el caso entra en lo que algunos ya definen como el “tercer tiempo”: el debate público. En la Legislatura rionegrina comenzó a circular documentación asociada a pedidos de informes, con cuestionamientos sobre permisos, transparencia del procedimiento y control estatal.
Todo indica que la discusión local no se limitará al rótulo de “energía renovable”, sino que pondrá el foco en reglas claras, acceso a la información, impacto ambiental y uso de recursos en una zona de alta sensibilidad ecológica.
Al mismo tiempo, la iniciativa reabre el debate sobre el rol de la energía hidroeléctrica de pequeña escala y sobre los modelos de desarrollos planificados desde cero, similares a experiencias como Lusail, en Qatar, trasladadas ahora al corazón de la Patagonia.
Fuente: Medios.

