Agosto llega a su fin y el escenario político neuquino comienza a mirar de lleno hacia 2027. En ese contexto, el Movimiento Popular Neuquino (MPN) se encamina a tomar una decisión que, de concretarse, marcará un antes y un después: no participar con candidatos propios en las próximas elecciones provinciales y municipales.
La determinación sería comunicada ante la Justicia Electoral y responde, según las versiones que circulan dentro del partido, a una evaluación estrictamente política y electoral. La conducción del MPN buscaría preservar su estructura territorial antes que exponerse a una nueva derrota en las urnas.
“El mapita quedará a resguardo quién sabe por cuánto tiempo”, deslizó un histórico militante del partido, en referencia al tradicional símbolo del MPN. La frase resume el clima que atraviesa actualmente la histórica sede de la calle Olascoaga.
Una decisión que cambia la estrategia del MPN
El MPN, considerado durante décadas una de las estructuras electorales más sólidas del país, enfrenta uno de los momentos más complejos de sus 65 años de historia.
La posibilidad de no presentar una lista propia para las elecciones ejecutivas de 2027 dejaría atrás una de las principales características de la fuerza: competir en cada elección para sostener su presencia en el poder provincial.
Para una militancia acostumbrada a la consigna de que “el MPN no se rinde ni se entrega”, resignar el tradicional símbolo partidario en el cuarto oscuro representaría un cambio difícil de asimilar.
Sin embargo, la actual conducción de la lista Celeste y Blanca, encabezada por Gabriel Álamo en la Junta de Gobierno, priorizaría el pragmatismo y la preservación de la estructura partidaria.
Los resultados de los últimos años pesan en la evaluación. Después del quiebre electoral de 2023 y de la decisión de no competir en las elecciones legislativas nacionales de 2025, el objetivo central sería conservar el poder territorial que todavía mantiene el partido: 32 intendencias y la primera minoría en la Legislatura neuquina.
Rolando Figueroa, en el centro del nuevo escenario
La paradoja de esta transformación tiene un protagonista inevitable: Rolando Figueroa. El actual gobernador llegó al poder en 2023 luego de romper con la estructura tradicional del MPN y construir un espacio propio. Tres años después, su armado político logró convertirse en el principal espacio de referencia de buena parte del electorado que históricamente acompañó al partido provincial.
Desde la conducción del MPN buscan presentar una eventual alianza con Neuquinizate como una continuidad de las banderas históricas de la fuerza: la autonomía provincial, el federalismo y la defensa de los recursos neuquinos y de Vaca Muerta.
Pero dentro del propio partido existe otra lectura: ante el escenario actual, el MPN podría optar por convertirse en un socio minoritario pero estratégico del oficialismo antes que enfrentar una competencia electoral que profundice su pérdida de poder.
El desafío de sobrevivir hasta 2031
La decisión, de confirmarse, implicaría mucho más que un retiro electoral. Sería la aceptación de una nueva realidad política en Neuquén.
El MPN ya no ocupa la centralidad que tuvo durante décadas y ahora enfrenta el desafío de conservar su estructura, sus dirigentes y su presencia territorial dentro de un escenario dominado por nuevas alianzas y liderazgos.
La apuesta sería que el repliegue de 2027 permita preservar fuerzas y reconstruir al partido con la mirada puesta en 2031.
El interrogante, entonces, será si la estrategia representa una muestra de pragmatismo para recuperar terreno en el futuro o si constituye el comienzo del final de una era para el histórico partido neuquino.
Fuente: Medios

