El consumo de carne vacuna cayó al nivel más bajo de los últimos 20 años

El consumo de carne vacuna en la Argentina volvió a retroceder y alcanzó su piso más bajo de los últimos veinte años, en un contexto marcado por menor producción, suba de precios por encima de la inflación y un mayor peso de las exportaciones en el destino final de la oferta.

Según datos difundidos por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), el consumo aparente por habitante se ubicó en 47,3 kilos anuales en el período comprendido entre febrero de 2025 y febrero de 2026. El dato representa una caída interanual del 2,5% y confirma una tendencia descendente sostenida en el tiempo: son casi 15 kilos menos por persona que dos décadas atrás.

El retroceso no solo marca un nuevo mínimo estadístico, sino también un cambio profundo en los hábitos de consumo de los argentinos, históricamente identificados con la carne vacuna como uno de los alimentos centrales de su dieta. En 2005, el promedio rondaba los 62,2 kilos por habitante por año, mientras que en 2008 se había alcanzado un pico de 69,4 kilos.

Detrás de esta caída aparece una combinación de factores económicos y productivos. Por un lado, la oferta de hacienda se redujo con fuerza en el arranque de 2026. Entre enero y febrero, la producción de carne vacuna sumó 457 mil toneladas res con hueso, un 9,1% menos que en igual bimestre del año pasado. Al mismo tiempo, la faena también mostró una fuerte contracción: en febrero se procesaron 924.300 animales, un 10,7% menos que en el mismo mes de 2025, en uno de los registros más bajos para ese mes en casi medio siglo.

Esa presión ya se siente en toda la cadena. En el mercado de Cañuelas, el precio del animal en pie subió 8,5% en febrero frente al mes anterior y acumuló una variación interanual del 72,7%. En paralelo, los precios al consumidor de los principales cortes avanzaron cerca de 12% en el primer bimestre del año, duplicando el ritmo de la inflación general para ese período.

Con este escenario, la carne vacuna pierde terreno en el consumo doméstico no solo por una cuestión cultural, sino sobre todo por su encarecimiento relativo frente a otros alimentos. La participación del mercado interno dentro del total producido también muestra ese cambio: si entre 2011 y 2015 absorbía más del 90% de la producción nacional, en 2024 esa proporción cayó al 68%, y para 2026 se proyecta una recuperación apenas parcial, hasta 72,9%.

Mientras tanto, las exportaciones ganan protagonismo. En los dos primeros meses de 2026, los envíos al exterior crecieron 6,6% interanual y alcanzaron 124 mil toneladas res con hueso. Medidas en peso producto, las ventas treparon 13,5%, impulsadas por mejores colocaciones en mercados como Estados Unidos, Israel, Alemania y Países Bajos.

Además, el negocio externo se vio favorecido por una mejora en los precios internacionales. El valor promedio de exportación de la tonelada se ubicó en USD 7.362, con una suba del 30% interanual. Esa combinación de mejores precios y mayor volumen permitió que los ingresos por exportaciones crecieran 47,6% en comparación con enero del año anterior.

Así, el sector ganadero atraviesa una paradoja: mientras mejora su desempeño exportador y encuentra mejores valores en el mercado internacional, el consumo local sigue cediendo por pérdida de poder adquisitivo y por la escalada de precios en mostrador. El resultado es una mesa argentina cada vez más alejada de uno de sus productos emblemáticos.

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