El Gobierno del Chubut puso en marcha la demolición de la histórica calera de Trelew, un predio de tres manzanas que durante años fue señalado como un foco de inseguridad. La intervención, impulsada por el gobernador Ignacio “Nacho” Torres, busca desactivar un espacio que acumuló denuncias por vandalismo, narcomenudeo y episodios violentos, aunque también reabre el debate sobre la falta de políticas sostenidas en la zona.
Las tareas comenzaron con maquinaria pesada bajo la coordinación de la Administración de Vialidad Provincial, con apoyo logístico del municipio para el retiro de escombros. El lugar, que supo tener actividad industrial en los años 70, quedó luego en estado de abandono y se transformó en un punto crítico, donde los vecinos aseguran haber convivido durante años con situaciones de riesgo sin respuestas concretas.
El anuncio oficial plantea que, una vez finalizada la demolición, el predio será reconvertido con infraestructura comunitaria: una subcomisaría, un playón deportivo y una plaza sustentable.
Además, se prevé en una segunda etapa la instalación de cámaras de seguridad, domos y un sistema de alerta vecinal conectado a celulares.
Sin embargo, más allá del inicio de obra, persisten interrogantes. La intervención llega después de décadas de deterioro y reclamos reiterados, lo que genera críticas sobre la tardanza en la respuesta estatal. También hay cautela respecto a los plazos y la concreción efectiva de los proyectos anunciados, en un contexto donde muchas iniciativas similares quedaron inconclusas.
Así, el derribo de la calera marca un punto de inflexión para el barrio Corradi, pero también deja planteado un desafío mayor: que la transformación prometida no quede solo en el escombro removido, sino que se traduzca en seguridad real y sostenida para los vecinos.

