En un contexto mundial marcado por un posible déficit estructural de cobre a partir de 2026, tanto Argentina como Chile refuerzan sus políticas mineras para aprovechar la oportunidad cuprífera y garantizar la oferta frente a un crecimiento de la demanda que superará a la producción.
Así lo anticipa el informe Transition Metals Outlook 2025 de BloombergNEFA, que proyecta que la demanda de cobre para la transición energética podría triplicarse hacia 2045, impulsada por la electrificación, los vehículos eléctricos y la expansión de redes, mientras que las nuevas minas y el reciclaje no alcanzarían a cubrir este aumento.
Chile: liderazgo consolidado y récord de inversión
Para Chile, principal productor mundial de cobre, el foco está en mantener la producción competitiva y consolidar su cartera de proyectos. En 2024, la producción chilena alcanzó aproximadamente 5,507 millones de toneladas, un aumento del 4,9% respecto al año anterior, rompiendo la tendencia decreciente de años previos, según reportes de Cochilco y del Consejo Minero.
Las proyecciones para 2025 estiman una producción similar o ligeramente superior, cercana a 5,58 millones de toneladas, y para 2026 se espera llegar a 5,75 millones de toneladas, pese a los desafíos estructurales de la industria y la madurez de los yacimientos.
La cartera de proyectos de inversión minera de Chile para 2025–2034 supera los USD$104.549 millones, el nivel más alto de la última década, de los cuales el 89,8% está dirigido a proyectos cupríferos, incluyendo iniciativas emblemáticas como nuevas concentradoras en Collahuasi y Escondida, consideradas clave para garantizar la continuidad operativa en la próxima década.
El gobernador Figueroa destacó que esta estrategia busca modernizar y expandir la industria, consolidando al cobre como eje central de la política extractiva chilena y fortaleciendo un corredor de producción sostenible a largo plazo.
Argentina acelera su desarrollo cuprífero
En Argentina, la proyección cuprífera también es alentadora. Con reservas estimadas en torno a 90 millones de toneladas de cobre, el país se posiciona como un destino atractivo para la inversión internacional. Actualmente, existen al menos una decena de proyectos avanzados en provincias como San Juan, Catamarca, Salta y Mendoza, muchos de ellos con potencial para convertirse en productores significativos en los próximos años.
Entre los proyectos más relevantes se encuentran Los Azules (McEwen Copper), Taca Taca (First Quantum Minerals), El Pachón y MARA (Glencore), y Vicuña (Josemaría y Filo del Sol, de BHP-Lundin), que suman decenas de millones de toneladas de cobre combinadas. Además, se avanza con iniciativas como Proyecto San Jorge en Mendoza, y el relanzamiento de Alumbrera (Glencore), que comenzará operaciones en 2028 con una producción estimada de 75.000 toneladas de cobre, 317.000 onzas de oro y 1.000 toneladas de molibdeno durante cuatro años.
Según BBVA Research, la concreción de estos proyectos permitiría que las exportaciones cupríferas de Argentina superen los USD$11.000 millones anuales hacia 2033, consolidando al país como un actor relevante en el mercado global.
Preparación ante un déficit global
Ambos países, conscientes de que el déficit proyectado podría generar un desbalance de millones de toneladas para 2035 y 2050, combinan estrategias regulatorias, inversiones en infraestructura y políticas para atraer capital a largo plazo, buscando garantizar el suministro en un mercado clave para la transición energética global.
Chile y Argentina muestran así que la industria cuprífera se posiciona como un eje estratégico para la economía y la transición energética de la región, con inversiones millonarias y proyectos que buscan asegurar la competitividad y la continuidad del suministro a nivel mundial.
Fuente: Medios.

