En la historia económica argentina, la palabra “impuestos” casi siempre llegó acompañada del verbo “subir”. Cada crisis encontró en la presión tributaria el atajo predilecto de gobiernos incapaces de ordenar sus propias cuentas. Por eso, cuando un Estado provincial anuncia el camino inverso —bajar impuestos para producir más—, el dato merece algo más que una lectura distraída.
Esta semana, en el lanzamiento del nuevo Parque Industrial Capital de la ciudad de Neuquén, el gobernador Rolando Figueroa delineó una estrategia tributaria que se apoya en una premisa tan simple como contracultural: “la menor presión tributaria contribuye a generar mayor actividad”. No es un eslogan libertario ni una ocurrencia de campaña. Es la pieza que necesita el engranaje que la gestión Neuquinizate viene armando desde diciembre de 2023.
La arquitectura del esquema es de tres pisos y exhibe algo poco frecuente en la política argentina: la articulación entre niveles del Estado. El RIGI nacional garantiza una disminución del 10 por ciento en el impuesto a las ganancias, indispensable para competir con mercados como el norteamericano. El programa provincial Invierta Neuquén fija alícuota cero en Ingresos Brutos y en el impuesto inmobiliario, con facilidades para el acceso a tierras fiscales. Y el plan municipal Invierta Capital, lanzado por el intendente Mariano Gaido, completa el círculo con la eliminación de tasas locales. Nación, provincia y municipio alineados detrás de un mismo objetivo.
El detalle no es menor: la baja impositiva no es un salto al vacío sino el dividendo de un ordenamiento previo. Una provincia que paga su deuda, elimina privilegios y figura quinta en el país en transparencia presupuestaria según el índice del CIPPEC, puede darse el lujo de resignar recaudación para multiplicar actividad. La que no hizo esa tarea, no puede.
El diseño tiene, además, una cláusula que lo distingue de cualquier promoción industrial genérica: el alivio fiscal está atado a la contratación de mano de obra neuquina. A través del RIDE, el registro informático de empleadores, la provincia cruzará datos para medir la creación de empleo local y, sobre esa información, avanzar en la liberación progresiva de Ingresos Brutos y otros tributos. No se trata de regalar exenciones a cualquier capital golondrina, sino de premiar a quien invierte y emplea en el territorio. “Nuestro interés es primero los neuquinos”, definió Figueroa, y anunció que los primeros treinta días estarán destinados a dar prioridad a los empresarios neuquinos que quieran integrarse. Hay sintonía entre el discurso y la gestión efectiva de la Neuquinidad: el recurso es de los neuquinos y el beneficio debe quedar, primero, entre los neuquinos.
El otro vértice del modelo lo aportó el propio gobernador este sábado, con una frase que condensa la estrategia: “el camino es agregar valor en origen para ser competitivos”. La consigna baja del plano conceptual al territorio con dos anuncios concretos para la Comarca Petrolera. En agosto se inaugura en Plaza Huincul una fábrica de caños flexibles impulsada por empresarios locales que, en palabras de Figueroa, “revolucionará la industria”. Y cerca de Cutral Co se instalará una planta separadora de gases para la producción de GNL que demandará miles de puestos de trabajo. “Ahí agregamos valor hoy, sumamos valor al fracturar la roca y al separar los gases”, enfatizó el mandatario. Treinta años después de la pueblada, el “renacer” de la comarca dejó de ser una promesa para convertirse en un cronograma de tareas.
La cadena de valor incluye también a las arenas neuquinas, ese insumo silencioso sin el cual no hay fractura posible. Operadoras como Tecpetrol y Vista ya utilizan arena local extraída en parajes como Ramón Castro y Santo Domingo, y el Ejecutivo neuquino elabora junto al Consejo Federal de Inversiones y la provincia de Río Negro un estudio para definir rutas y alternativas de transporte eficientes, con el tren como protagonista. Pero el dato más revelador de la semana fue un límite, no un anuncio. Consultado sobre la posibilidad de utilizar los ríos Limay y Negro para el transporte de material de fractura, Figueroa fue categórico: “De ninguna manera un recurso como lo es el Limay lo vamos a entorpecer de esta manera”. Y remató con una definición que dibuja el borde de su modelo: “Soy amigo del progreso, soy amigo del desarrollo, pero siempre con el cuidado del ambiente”. El desarrollismo neuquino tiene brújula y también tiene frontera.
Puestos en perspectiva, los anuncios de esta semana componen algo más que una batería de incentivos: son la segunda fase de un proyecto que ya mostró la primera. Primero fue el orden —pagar deuda, eliminar privilegios, transparentar las cuentas—. Ahora es la expansión: bajar impuestos, industrializar en origen, atar el beneficio fiscal al empleo local. Figueroa estimó que para 2030 la actividad económica de la provincia se duplicará, siempre que Vaca Muerta encuentre las condiciones para desplegarse. “Ninguna empresa va a producir si el costo de producir es más caro de lo que tiene que terminar vendiendo”, explicó, con esa lógica elemental que la Argentina de las últimas décadas se empeñó en desafiar. Mientras la discusión nacional sigue atrapada entre la motosierra y la nostalgia, Neuquén ensaya una tercera vía: un Estado que se ordena para poder aliviar, que alivia para poder producir, y que produce para poder redistribuir. La Neuquinidad, una vez más, corre con ventaja: no necesita elegir entre el mercado y el Estado, porque aprendió a ponerlos a trabajar juntos.

