Durante más de tres décadas, Mirta se convirtió en el rostro de una búsqueda incansable. En cada aniversario de la desaparición, en cada entrevista y en cada reclamo público insistió en que la causa no quedara en el olvido y que la Justicia continuara investigando uno de los casos más emblemáticos de la Patagonia.
La última vez que vio a Natalia fue aquella tarde de verano de 1994. Después del almuerzo, la adolescente le pidió permiso para ir al centro de San Martín de los Andes a encontrarse con unas amigas. Antes de salir de la casa familiar, la abrazó y le dio un beso.
Natalia salió caminando desde el barrio El Arenal rumbo a la parada del colectivo. Nunca llegó al centro, nunca se encontró con sus amigas y jamás regresó a su casa.

Cuando la familia denunció la desaparición, las primeras respuestas demoraron el inicio de la búsqueda. Con el paso de los años, la investigación reunió miles de fojas y numerosas hipótesis, pero ninguna logró establecer qué ocurrió con la niña.
Una búsqueda que nunca terminó
Junto a su esposo, Miguel Ciccioli, Mirta dedicó gran parte de su vida a buscar respuestas. Ambos siguieron cada pista, participaron de reconstrucciones y reclamaron que la investigación avanzara.

Tras la muerte de Miguel en 2018, Mirta continuó sola con esa lucha. Cada 16 de enero volvía a recordar el último abrazo con su hija y renovaba el pedido de verdad y justicia.
Con el tiempo llegó a expresar su convicción de que Natalia había sido víctima de un delito y que nunca regresaría, aunque jamás dejó de reclamar que se esclareciera el caso.
Un caso que marcó a la Patagonia
La desaparición de Natalia Ciccioli conmocionó a San Martín de los Andes y se convirtió en uno de los mayores misterios judiciales de la región.

El caso impulsó años después la creación de la Alerta Nati, un protocolo destinado a agilizar la búsqueda de niñas, niños y adolescentes desaparecidos, con el objetivo de actuar durante las primeras horas, consideradas fundamentales en este tipo de investigaciones.
Con la muerte de Mirta Acosta se apaga una de las voces que durante más tiempo sostuvo el reclamo por Natalia. Falleció sin conocer qué ocurrió con su hija, pero dejando el legado de una madre que nunca abandonó la búsqueda ni el pedido de justicia.
Fuente: Medios

