La gripe aviar es una enfermedad infecciosa provocada por un virus de la familia Orthomyxoviridae que afecta principalmente a las aves domésticas y silvestres, aunque en ciertos casos puede transmitirse a humanos y a otras especies animales. La reciente alerta sanitaria difundida por Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) refuerza la necesidad de adoptar medidas preventivas para reducir el riesgo de contagio.
Entre las especies de mayor susceptibilidad se encuentran gallinas, pavos, codornices y faisanes, además de aves acuáticas como patos, gansos, cisnes y flamencos. Las autoridades sanitarias distinguen dos variantes principales de la enfermedad según su nivel de agresividad:

• Influenza aviar de baja patogenicidad (IABP), que suele presentar síntomas leves o incluso ausencia de manifestaciones clínicas.
• Influenza aviar de alta patogenicidad (IAAP), capaz de provocar cuadros graves y tasas de mortalidad que pueden alcanzar entre el 90% y el 100% en un lote de aves.
Cómo prevenir el contagio
Las recomendaciones sanitarias apuntan a reducir el contacto entre animales infectados y poblaciones sanas. Entre las principales medidas se destacan:
- Mantener las aves en espacios protegidos y alejados de otros animales o personas.
- Evitar el contacto entre aves domésticas y aves silvestres.
- Proteger fuentes de agua y alimentos que puedan atraer fauna silvestre.
- Realizar limpieza y desinfección periódica de los criaderos.
- Controlar el ingreso de vehículos, utensilios y visitantes a los gallineros.
- Lavarse las manos con agua y jabón después de manipular aves.
- Aplicar protocolos de bioseguridad establecidos en la normativa vigente, como la Resolución 1699/2019.
La vigilancia epidemiológica y la notificación temprana de casos sospechosos constituyen los pilares de la estrategia de control impulsada por las autoridades sanitarias junto al sector productivo.

Síntomas y formas de transmisión
La gripe aviar se transmite principalmente por contacto directo con animales infectados o a través de partículas respiratorias liberadas al toser o estornudar.
En los seres humanos, el período de incubación suele oscilar entre dos y ocho días. Los signos clínicos pueden confundirse con un cuadro gripal común e incluyen tos, fiebre, dolor de garganta, cefalea, dolores musculares y dificultad respiratoria.
Si bien existen tratamientos antivirales que pueden ser efectivos en fases tempranas, la enfermedad puede evolucionar hacia cuadros graves. La atención médica debe ser realizada por especialistas en infectología o, en el caso de niños, por pediatras.
La prevención continúa siendo la principal herramienta para limitar la expansión del virus, especialmente en zonas con actividad avícola o presencia de aves migratorias.

Fuente: Medios

