Irán envió un mensaje dual a la comunidad internacional en medio de una nueva escalada de tensión en el Golfo Pérsico. Mientras sus fuerzas armadas fueron puestas en estado de alerta máxima tras el arribo de buques de guerra estadounidenses a la región, altos funcionarios del régimen señalaron que existen avances para reactivar negociaciones con Estados Unidos.
El despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln encendió las alarmas en Teherán. Desde el ámbito militar, las autoridades iraníes advirtieron que cualquier error por parte de Estados Unidos o Israel podría comprometer la seguridad regional, en un contexto marcado por el aumento de maniobras y movimientos navales en una zona estratégica para el comercio internacional.
Sin embargo, en paralelo al tono beligerante, el presidente iraní Masud Pezeshkian intentó descomprimir la situación al remarcar que un conflicto armado no beneficiaría ni a Irán, ni a Estados Unidos, ni al conjunto de la región.

En el plano diplomático, el canciller Abás Araqchi se mostró dispuesto a avanzar en negociaciones sobre el programa nuclear, aunque dejó en claro que Irán no aceptará condiciones que incluyan su sistema de misiles. En la misma línea, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Larijani, afirmó que se registran progresos en la conformación de un marco de diálogo, tras mantener contactos con el presidente ruso Vladimir Putin.

Mientras tanto, circularon versiones sobre supuestos sabotajes en zonas portuarias y cercanas a la capital iraní, que fueron rápidamente desmentidas por las autoridades, quienes atribuyeron los incidentes a fugas de gas o incendios menores.
En este escenario de alta sensibilidad, el Comando Central de Estados Unidos alertó sobre ejercicios navales con fuego real que llevarán adelante los Guardianes de la Revolución en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo, y pidió evitar acciones que puedan agravar aún más la tensión.
Fuente: Medios

