En el Valle Inferior del río Negro, la alfalfa no es solo un cultivo: es un motor productivo que transformó la región. Lo demuestra la historia de Rodrigo Núñez y su empresa familiar, que apostaron por la producción de megafardos para exportación, combinando precisión, inversión y visión a largo plazo.
Con 600 hectáreas bajo riego, de las cuales entre 250 y 300 se destinan a alfalfa, la firma de los Núñez convirtió a este cultivo en el eje de su sistema. El maíz, la cebada y la ganadería actúan como complementos estratégicos: rotan suelos, absorben excedentes y agregan valor.

La alfalfa, conocida como la “reina de las pasturas”, destaca por su combinación única de alta producción, calidad nutricional y persistencia. En un contexto de creciente demanda mundial de proteínas animales, su rol se multiplica: donde hay ganadería eficiente, suele haber alfalfa de calidad detrás.
En Río Negro, el clima y la disponibilidad de agua del río permiten un manejo casi quirúrgico. La siembra se realiza con precisión, y cada lote puede producir entre cuatro y cinco cortes por temporada. El riego se controla al detalle, considerando humedad del suelo y del aire, y cada fardo se acopia bajo techo sobre pisos de cemento para mantener su color y calidad.

La exportación marca la vara de la excelencia. Desde hace 17 años, toda la alfalfa de los Núñez se destina a Nafosa, empresa española que recompacta y exporta los megafardos desde Bahía Blanca. La proteína, el color, la presencia de hojas y la humedad son factores críticos; solo entre el 40 y 50% de la producción anual alcanza estándares de exportación. El resto se destina al mercado interno, principalmente a feedlots regionales.
La ganadería propia de la empresa también se potencia gracias a la alfalfa. Los excedentes alimentan terneros y vacas madres, consolidando un sistema donde la pastura de alta calidad impulsa toda la producción.
En el desierto patagónico, la alfalfa encontró su reino. Con agua, planificación y acceso a mercados internacionales, la “reina de las pasturas” dejó de ser solo un forraje y se convirtió en símbolo de innovación, empleo y transformación productiva en Río Negro.
Fuente: Medios.

