Un hombre de 46 años murió tras recibir entre cinco y seis puñaladas en el tórax y el cuello, y el autor del ataque fue su hijo de 15 años. El hecho ocurrió en el barrio Valentina Sur de la ciudad de Neuquén y la Fiscalía investiga el hecho en el marco de un historial previo de violencia familiar y analiza la figura de exceso en la legítima defensa.
Más allá del proceso judicial, el caso abrió un profundo debate social sobre los efectos que la violencia intrafamiliar tiene en niños y adolescentes. En ese contexto, el psiquiatra José Lumerman brindó un análisis en medios locales, donde puso el foco en el impacto psíquico de crecer en un hogar atravesado por la agresión.
“Lo primero que aparece es el impacto emocional que genera la noticia. No es lo mismo una muerte violenta entre desconocidos que un hecho intrafamiliar. Cuando hablamos de un parricidio, tocamos una de las fibras más sensibles de la sociedad, porque la familia es la piedra angular de la comunidad”, explicó el especialista.
Lumerman señaló que, en situaciones extremas como esta, el accionar del adolescente puede darse fuera de un registro consciente habitual. “En estos casos, el hijo puede salir en defensa de la madre en lo que llamamos un estado disociativo. No se trata de una decisión racional, sino de una reacción psíquica extrema frente a una amenaza vivida como intolerable”, sostuvo.
El psiquiatra remarcó el rol central de la figura materna en el desarrollo emocional. “La madre es el primer amor, la alianza afectiva primaria. Cuando un hijo presencia violencia contra su madre, el impacto es devastador y se genera un conflicto psíquico profundo con la figura del padre”, explicó.
Según indicó, en la mayoría de los casos de violencia familiar se construye en los hijos un odio parricida que no se actúa, pero que resulta muy difícil de elaborar. “¿Cómo se procesa odiar a tu propio padre? Es un odio legítimo frente a la injuria, pero extremadamente complejo de tramitar”, reflexionó.
Uno de los aspectos más graves, advirtió Lumerman, es el riesgo de repetición de la violencia. “Muchos hombres violentos fueron hijos de padres violentos. Es una paradoja: se odia al padre, pero al mismo tiempo se lo termina copiando. A veces, copiar al padre es una forma inconsciente de no tener que destruirlo”, explicó.
No obstante, el especialista subrayó que este destino no es inevitable. “Esto no es condenatorio. Con un abordaje psicológico y psicoterapéutico se puede revertir. La terapia permite cuestionar esas identificaciones y romper con modelos arcaicos de machismo y violencia aprendidos en el hogar”, afirmó.
Finalmente, Lumerman sostuvo que este tipo de hechos ponen en evidencia que la violencia intrafamiliar sigue siendo un problema estructural. “Pensamos que con leyes y denuncias iba a alcanzar, pero es un fenómeno mucho más profundo, arraigado en la cultura. Por eso el abordaje tiene que ser integral, preventivo y sostenido en el tiempo”, concluyó.
Fuente: Medios

