Vaca Muerta, un gigante geológico al que le pesa la inestabilidad económica e institucional de Argentina

Un informe internacional advierte que el potencial del shale neuquino es comparable al de Texas, pero que la falta de previsibilidad macroeconómica y regulatoria impide su desarrollo pleno.

Argentina convive con una paradoja energética: posee uno de los recursos de shale más competitivos del planeta, pero no logra consolidar un proceso de desarrollo sostenido. Vaca Muerta es la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional, aunque su expansión continúa condicionada por ciclos de inversión intermitentes, incertidumbre macroeconómica y tensiones regulatorias persistentes.

La revolución del shale en Texas no se explicó solo por la calidad del recurso. El rápido crecimiento del Permian Basin se apoyó en seguridad jurídica, estabilidad contractual, financiamiento privado disponible e infraestructura suficiente para transportar y exportar la producción.

En Argentina, en cambio, el desarrollo energético enfrenta obstáculos estructurales: alta inflación, controles cambiarios, restricciones a las exportaciones, subsidios cruzados y cambios frecuentes en impuestos y regulaciones. Este contexto dificulta la planificación de inversiones de largo plazo y eleva el riesgo percibido por los capitales internacionales.

La infraestructura es otro límite clave. Proyectos como gasoductos y plantas de gas natural licuado (LNG) requieren compromisos a 20 o 30 años. Para avanzar, las empresas necesitan garantías sobre acceso a divisas, repago de deuda y estabilidad contractual, condiciones que hoy no están plenamente aseguradas.

Potencial exportador y urgencia de definiciones

El mercado global del gas atraviesa un proceso de transformación. La demanda futura de LNG muestra proyecciones crecientes, impulsada por Asia y por la transición energética. En ese escenario, Argentina podría ocupar un lugar relevante si logra acelerar la infraestructura necesaria y ofrecer previsibilidad para atraer inversiones.

El Baker Institute remarca que, frente a elevados costos hundidos y horizontes temporales extensos, la previsibilidad es un factor determinante. Sin reglas claras y estables, las inversiones tienden a fragmentarse o a desplazarse hacia proyectos con menor exposición temporal.

En ese marco, alternativas como el gas natural licuado flotante (FLNG) ganan terreno. Estos esquemas, con menores costos hundidos y mayor flexibilidad, reducen la exposición al riesgo país. Varias compañías analizan proyectos de este tipo vinculados a YPF, Shell y ENI como forma de mitigar la incertidumbre política y regulatoria.

Aun con avances tecnológicos y nuevas estrategias contractuales, la incertidumbre política sigue pesando. Tras las elecciones de medio término, el foco del mercado ya está puesto en los comicios presidenciales de 2027, que definirán la continuidad o no de las reformas y las señales de largo plazo para el sector energético.

El riesgo de perder competitividad frente a otros productores es real. Si no se reduce el riesgo país y no se consolidan instituciones estables, el capital global podría optar por jurisdicciones más previsibles, incluso con geología menos favorable.

Vaca Muerta cuenta con geología probada, curvas de aprendizaje que permiten mejorar eficiencias y una demanda internacional latente. Sin embargo, el factor decisivo será institucional: continuidad, estabilidad y reglas claras. De lograrse, el shale neuquino podría traducirse en divisas, empleo y desarrollo territorial. De lo contrario, seguirá siendo una promesa geológica sin realización plena.

Fuente: Medios

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