La senadora electa por Río Negro, Lorena Villaverde, volvió a quedar en el centro de una tormenta política tras conocerse en detalle su derrotero judicial en Estados Unidos, donde fue detenida, juzgada y condenada por narcotráfico en 2002. Aunque la acusación terminó siendo retirada en 2017, las inconsistencias y el silencio público de la legisladora alimentan las dudas sobre su futuro en la Cámara alta.
Los documentos judiciales muestran que Villaverde fue arrestada en Sarasota por traficar más de 400 gramos de cocaína junto a dos cómplices, compareció ante la Justicia federal y terminó considerada culpable por un jurado.
Pasó por una cárcel federal, obtuvo un nuevo juicio y recuperó la libertad, pero luego incumplió las condiciones de su excarcelación. Tras abandonar Estados Unidos, regresó a la Argentina y no volvió a presentarse ante la justicia norteamericana.
La causa quedó paralizada durante años hasta que en 2017 la Fiscalía decidió desistir de los cargos por el extenso tiempo transcurrido sin avances. Los registros confirman además que las evidencias vinculadas a la legisladora fueron destruidas en 2019. Sin embargo, el cierre del expediente no despejó las incógnitas que hoy rodean a Villaverde, que nunca brindó una explicación completa sobre lo ocurrido.
La inminente jura en el Senado se volvió un punto crítico. La diputada, que retiró su renuncia mientras crece la resistencia opositora a permitir su asunción, respondió solo de manera parcial a las consultas periodísticas y evitó ofrecer aclaraciones precisas. Desde su entorno sostienen que no tuvo drogas en su poder, que no existen vínculos con el narcotráfico y que se trató de una historia desafortunada ocurrida hace más de dos décadas sin impedimentos legales actuales.
El escenario político completa un cuadro complejo. Villaverde regresó al país, se instaló en Buenos Aires y Río Negro, y tejió relaciones que hoy están bajo escrutinio, mientras voces dentro y fuera de La Libertad Avanza advierten que su caso se convirtió en un problema institucional para el bloque.
Con el Senado aún sin definición y un pasado judicial que vuelve una y otra vez al debate público, la legisladora enfrenta el momento más delicado de su carrera política.

