Aunque la pobreza bajó en las cifras oficiales, más de la mitad de los argentinos no llega a fin de mes

Aunque el Gobierno destaca una fuerte caída de la pobreza medida por ingresos, distintos estudios revelan que el consumo, el bienestar y el ingreso disponible siguen deteriorados para millones de hogares.

El Gobierno de Javier Milei informó una baja significativa de la pobreza en Argentina, con entre 10 y 12 millones de personas que habrían salido de esa condición en el último año. Según datos del INDEC, el índice cayó más de 20 puntos en comparación con 2024 y se ubica en su nivel más bajo en siete años. Las razones, según el oficialismo, son la desaceleración inflacionaria, la mejora en los ingresos formales y la ampliación de programas como la Asignación Universal por Hijo.

Otro estudio de la agencia Casa Tres muestra que seis de cada diez personas debieron recortar consumos básicos o cotidianos, como entretenimiento, indumentaria, servicios médicos y hasta educación. Esta sensación de fragilidad económica persiste incluso entre quienes, estadísticamente, superan la línea de pobreza.

Uno de los factores centrales es el ingreso disponible, es decir, el dinero que queda luego de pagar gastos fijos como alquiler, servicios y transporte. Aunque los salarios mejoraron en términos nominales y en dólares, muchos hogares siguen sin capacidad para sostener el consumo, debido al encarecimiento de los servicios y al impacto de la inflación acumulada.

Además, consultoras privadas advierten que el poder adquisitivo real continúa por debajo de los niveles de 2023, con perspectivas de recuperación recién hacia 2026.

Los especialistas distinguen entre dos realidades:

  • Pobreza coyuntural, que afecta a hogares que oscilan alrededor del umbral de la línea de pobreza según el contexto económico inmediato.
  • Pobreza estructural, que alcanza a un tercio de la población y se caracteriza por carencias persistentes en vivienda, servicios, educación y empleo.

Por ejemplo, entre los adultos mayores, la pobreza pasó del 8,6% en 2017 al 13% en 2025, lo que refleja una caída sostenida del bienestar, incluso cuando los ingresos nominales crecen.

Si bien la pobreza por ingresos bajó, los niveles de bienestar general y acceso al consumo siguen comprometidos para amplios sectores de la sociedad.

Fuente: Medios

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