A pocos kilómetros de Las Lajas, en el centro de Neuquén, existe un ecosistema que permanece oculto bajo la superficie y al que no pueden acceder los visitantes. Se trata de las cavernas del Área Natural Protegida Cuchillo Curá, un complejo subterráneo de gran valor científico que conserva especies únicas y formaciones geológicas que lo convierten en uno de los sistemas cavernarios más importantes de Argentina.
Ubicada en el departamento Picunches, a unos 10 kilómetros al sur de Las Lajas, el área fue creada en 2003 para preservar un patrimonio natural excepcional. Su principal atractivo se encuentra bajo tierra, donde la oscuridad, la humedad y las condiciones ambientales particulares dieron lugar a un ecosistema con organismos adaptados a vivir sin luz.
Por la fragilidad de ese entorno, las cavernas permanecen cerradas al turismo y al acceso público. Sólo pueden ingresar investigadores que cuentan con autorización para realizar estudios científicos y tareas de monitoreo.

Un laberinto subterráneo de cinco kilómetros
El sistema cavernario Cuchillo Curá está integrado por cuatro cavidades principales: las cavernas del Arenal, del Templo y del Gendarme, además de la cueva de Los Cabritos. En su interior se extienden galerías ramificadas, grandes salas y cuerpos de agua que, en conjunto, sumaban aproximadamente cinco kilómetros relevados hasta 2022.
La falta de luz solar y las condiciones estables del ambiente favorecieron el desarrollo de formas de vida particulares. Durante miles de años, distintos organismos evolucionaron para sobrevivir en un espacio donde la oscuridad es permanente y los recursos disponibles son limitados.
Estas características hacen que el sistema sea especialmente sensible a las alteraciones externas. Por eso, el acceso está restringido y las investigaciones se realizan bajo condiciones controladas.
Especies adaptadas a vivir sin luz
Uno de los principales valores de conservación de Cuchillo Curá es la fauna que habita en sus profundidades. Allí se encuentran organismos con adaptaciones particulares a la vida subterránea, como la pérdida de pigmentación, la ausencia de ojos y una mayor sensibilidad a los estímulos del entorno.
Entre los ejemplares identificados se encuentran pequeños artrópodos terrestres y acuáticos, como el opilión Picunchenops spelaeus, emparentado con las arañas; la araña Pseudotyphistes pallidus y el fulgoroideo Notolathrus sensitivus.
La supervivencia de estas especies depende de un equilibrio ambiental muy delicado. Las modificaciones en la humedad, la temperatura o la calidad del agua pueden afectar las condiciones necesarias para su desarrollo y poner en riesgo un ecosistema que tardó miles de años en formarse.
La conexión entre la superficie y las cavernas
Aunque dentro de las cavernas no crece vegetación debido a la falta de luz, la vida subterránea depende en parte de los procesos que ocurren en la superficie.
Las raíces de plantas como el coliguay y el duraznillo pueden ingresar en las cavidades y aportar materia orgánica, que sirve de alimento para algunos de los organismos que habitan allí. Esta conexión demuestra que el ambiente subterráneo no funciona de manera completamente independiente del exterior.
Por ese motivo, proteger las cavernas también implica conservar el paisaje que las rodea. En la superficie se desarrolla una estepa graminosa-arbustiva característica de las zonas áridas, donde crecen especies como el charcao, el coirón, la festuca, el duraznillo y el molle.
Un refugio de biodiversidad en Neuquén
El patrimonio natural del área no se limita al sistema de cavernas. La laguna Cuchillo Curá forma parte del sistema hidrológico y constituye un ambiente importante para distintas especies de aves.

En la zona pueden observarse animales como el choique, el loro barranquero, el chimango y el gaucho grande. Cuando la laguna tiene agua, también llegan especies acuáticas como el cisne de cuello negro, el pato maicero y la coscoroba.
Entre los mamíferos que habitan el entorno se encuentran el zorro gris chico, el gato del pajonal, el gato montés y el puma. La presencia de estas especies refuerza la importancia de conservar tanto las cavidades subterráneas como los ambientes naturales de la superficie.
Fósiles, rocas y huellas de la historia humana
Cuchillo Curá también posee un importante patrimonio geológico y paleontológico. Sus formaciones rocosas características del paisaje kárstico y los restos fósiles encontrados en la superficie y dentro de las cavidades aportan información sobre la historia natural de la región.
A ese valor se suma la presencia de materiales arqueológicos que permiten estudiar la ocupación humana del territorio y reconstruir parte de la relación que distintos grupos mantuvieron con el ambiente a lo largo del tiempo.
Actualmente, el área está bajo el cuidado de guardaparques, que realizan tareas de monitoreo de especies, acompañamiento a investigadores, controles y actividades de educación ambiental.
En las inmediaciones también viven dos familias dedicadas a la ganadería, que utilizan algunos sectores para el pastoreo.
Debido a la sensibilidad de sus ecosistemas, el Área Natural Protegida Cuchillo Curá permanece como un territorio reservado para la investigación científica. Lejos del turismo masivo, sus cavernas continúan ofreciendo oportunidades para estudiar formas de vida singulares y conocer más sobre la evolución de los organismos en condiciones extremas.
Fuente: Medios

