La aprobación en general por parte de la Legislatura neuquina del proyecto para financiar 158 kilómetros de pavimentación y repavimentación representa algo más que una nueva obra vial: es una apuesta a que la infraestructura acompañe el próximo escalón productivo de Vaca Muerta.
El esquema, impulsado por el gobernador Rolando Figueroa, contempla hasta US$177 millones adelantados por empresas operadoras a tasa cero, que serán destinados a trabajos sobre las rutas provinciales 7, 8 y 51. La Provincia ejecutará las obras y recuperará posteriormente los fondos mediante descuentos sobre las regalías.
La aprobación llega en un momento en que el crecimiento del shale neuquino comienza a exigir una infraestructura cada vez más preparada para soportar mayores volúmenes de tránsito, equipos, insumos y producción. Por eso, el impacto potencial del proyecto no se limita a los kilómetros de asfalto que se incorporen: la mejora de la red vial puede convertirse en una pieza relevante para sostener la expansión de Vaca Muerta durante los próximos años.
El desarrollo de Vaca Muerta multiplicó la actividad alrededor de Añelo y de los principales corredores productivos de la Cuenca Neuquina. Con más pozos, mayor movimiento de equipos y una creciente circulación de camiones, la logística pasó a ocupar un lugar central en la competitividad del shale.
En ese escenario, una ruta en mejores condiciones puede significar menores tiempos de traslado, reducción del desgaste de vehículos, mayor previsibilidad operativa y mejores condiciones de seguridad. También puede contribuir a reducir uno de los costos indirectos de una operación petrolera intensiva: el tiempo que insumen los desplazamientos entre las áreas productivas, las bases logísticas y los puntos de procesamiento y evacuación.
La discusión adquiere mayor relevancia si se considera que Vaca Muerta atraviesa una etapa en la que el crecimiento ya no depende únicamente de perforar más pozos. La capacidad de transportar lo que se produce comienza a ser tan importante como la capacidad de producirlo.
Más producción exige más infraestructura
La expansión petrolera neuquina está acompañada por inversiones destinadas a ampliar la capacidad de evacuación del crudo, mientras avanzan proyectos para incrementar el transporte y la futura exportación de gas. Ese proceso plantea una lógica similar para las rutas: a medida que crece la escala de Vaca Muerta, también aumenta la necesidad de contar con una red logística capaz de sostenerla.

Las rutas 7, 8 y 51 forman parte de ese entramado. Su mejora puede favorecer tanto la operación hidrocarburífera como la circulación de trabajadores y el desarrollo de actividades comerciales y de servicios vinculadas con la industria. En ese sentido, la infraestructura vial puede funcionar como multiplicador del impacto económico de Vaca Muerta, especialmente en localidades que concentran buena parte de la actividad.
Otro de los aspectos relevantes es el mecanismo elegido para ejecutar las obras. Las empresas operadoras adelantarán los recursos sin intereses y la Provincia realizará los trabajos. La devolución se concretará posteriormente mediante descuentos de regalías, mientras que el acuerdo incorpora además un esquema de peaje para las compañías por el uso intensivo de los tramos intervenidos.
El modelo busca vincular directamente actividad hidrocarburífera, generación de regalías e infraestructura, haciendo que parte de los recursos asociados al desarrollo de Vaca Muerta regresen al territorio en forma de obras. Para Neuquén, el beneficio potencial está en poder acelerar inversiones viales sin esperar a disponer de la totalidad de los recursos presupuestarios necesarios.
El impacto sobre el shale
La aprobación legislativa no genera por sí sola un aumento inmediato de la producción, pero sí puede remover restricciones que, a medida que crece la escala del desarrollo, adquieren mayor peso. Una red vial más eficiente puede favorecer la llegada de insumos, mejorar la circulación de equipos y facilitar la logística de las operaciones. También puede contribuir a ordenar el tránsito pesado y reducir la presión sobre corredores que hoy concentran buena parte del movimiento.
El impacto, por lo tanto, debe medirse en el mediano plazo: si Vaca Muerta continúa incrementando su producción, disponer de rutas con mayor capacidad será una condición cada vez más importante para sostener ese ritmo. Además, la inversión puede generar efectos más allá de los yacimientos. La mejora de la conectividad fortalece a proveedores, empresas de servicios, trabajadores y comunidades que forman parte del ecosistema productivo neuquino.
El shale argentino entró en una etapa en la que la discusión comienza a desplazarse desde el potencial geológico hacia la capacidad de desarrollar ese recurso a escala masiva y competitiva. En ese proceso, oleoductos, gasoductos, plantas, terminales de exportación y rutas forman parte de una misma infraestructura energética.
La aprobación de este proyecto coloca a Neuquén frente a ese desafío con una herramienta concreta: anticipar las necesidades de infraestructura antes de que el crecimiento productivo vuelva a convertirlas en un cuello de botella.
Con Vaca Muerta proyectando mayores niveles de producción y exportación, mejorar los corredores viales no es solamente una cuestión de conectividad. Es una inversión en la capacidad de Neuquén para producir más, mover mejor y capturar una mayor parte del valor económico generado por el shale.
Fuente Medios

