Alerta por la población de choiques en la Meseta de Somuncurá: buscan determinar cuánto cayó la especie

Especialistas realizaron un relevamiento en el área protegida para conocer el estado de la especie y avanzar en un programa de recuperación. Durante el operativo encontraron unos 30 ejemplares y un solo macho acompañado por ocho crías.
Alerta por la población de choiques en la Meseta de Somuncurá: buscan determinar cuánto cayó la especie

En la Meseta de Somuncurá, un equipo de especialistas puso en marcha un relevamiento para conocer el estado actual de la población de choiques, una de las especies más representativas de la estepa patagónica. La preocupación surgió ante la disminución de ejemplares y la escasez de nacimientos registrada durante los últimos años.

La iniciativa reúne a profesionales de la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro, la Fundación Somuncurá y Aves Argentinas, que realizaron un operativo de campo para relevar la presencia de la especie, localizar nidos activos y registrar ejemplares juveniles. El objetivo es reunir información que permita avanzar en un programa integral de restauración poblacional del choique.

La especie todavía no está considerada en peligro de extinción, pero los especialistas advierten que enfrenta distintos factores que pueden comprometer su supervivencia en su ambiente natural. Según las estimaciones de los investigadores, en los últimos cinco años la población habría sufrido una fuerte disminución.

El choique, también conocido como ñandú patagónico, es un ave no voladora nativa de Sudamérica y uno de los animales característicos de las estepas de la Patagonia. Aunque suele confundirse con el ñandú, es de menor tamaño y presenta adaptaciones particulares para desplazarse en ambientes esteparios. Puede alcanzar 1,10 metros de altura y pesar entre 15 y 30 kilos, mientras que su plumaje combina tonalidades grises y blancas.

Además, cuenta con una musculatura desarrollada en las patas que le permite alcanzar altas velocidades para escapar de los depredadores, lo que lo convierte en uno de los corredores más eficientes de la fauna patagónica.

Durante el monitoreo, los investigadores concentraron la búsqueda en nidos activos y ejemplares juveniles, dos indicadores que permiten establecer si una población se encuentra en crecimiento, estable o en retroceso. Los resultados iniciales encendieron una señal de alerta.

“Solo pudimos encontrar unos 30 ejemplares casi en el centro de la meseta. La mayoría es adulto. Vimos solo un macho con ocho charitos -la cría del choique-”, explicó el guarda ambiental Alexandro Wuchal, quien participó del relevamiento.

La época reproductiva también aporta información clave para comprender la situación de la especie. El macho es quien construye el nido, incuba los huevos y posteriormente se ocupa del cuidado de los pichones. Por ese motivo, durante este período adopta un comportamiento muy territorial y agresivo para proteger a las crías.

El choique es herbívoro y su alimentación está compuesta principalmente por hierbas y arbustos, además de gramíneas, juncáceas y ciperáceas.

El relevamiento se concentró en determinados sectores de la meseta y no incluyó las zonas más altas. La decisión estuvo vinculada a las condiciones climáticas y al comportamiento de los animales durante el invierno.

“El relevamiento no incluyó la parte alta de la meseta “porque con las nevadas, los choiques bajan por la comida. A la vez, abajo corren el riesgo de ser cazados o ser presa de los pumas”, explicó Wuchal, quien además es coordinador del Área Natural Protegida de la Meseta de Somuncurá.

El área protegida fue creada en 1986 y abarca más de 3.400.000 hectáreas. Su nombre, de origen mapuche, significa “piedra que suena”. La región se caracteriza por su formación volcánica y por el alto grado de endemismo de su flora y fauna, con especies exclusivas como la mojarra desnuda y la ranita de Valcheta.

Caza furtiva y depredadores, entre las principales amenazas

Los investigadores decidieron profundizar el monitoreo debido a la menor cantidad de ejemplares observados y a la baja presencia de crías.

“Los biólogos estamos viendo cada vez menos ejemplares y muy pocos nacimientos. El principal problema es la caza por parte de los furtivos. Lo cazan para comerlo. Es un plato de los pobladores que habitan la meseta”, señaló Wuchal.

A esta situación se suma, según explicó el especialista, la expansión del puma hacia sectores de la Meseta de Somuncurá. El aumento de su presencia genera preocupación tanto por el impacto sobre los choiques como por las pérdidas que sufren los productores ganaderos de la región.

“Los pumas se han ido desplazando de la zona de San Antonio y Viedma. Allí los campos se fueron desmontando para sembrar, ya no hubo ovejas y el puma se desplazó en busca de comida. Se come los choiques”, sostuvo Wuchal.

Y agregó: “Ya casi está instalado en esta zona y se va desplazando para el lado de Caín, donde hay más ovejas y chivos”.

A las amenazas mencionadas se suma la presencia del chancho jabalí, otra especie que genera impactos sobre el ambiente. De acuerdo con los especialistas, el animal provoca daños en sectores cercanos a los cursos de agua y destruye la costa de los arroyos.

Con los datos obtenidos durante el relevamiento, los equipos buscan establecer con mayor precisión cuál es la situación de la población de choiques y contar con información que permita diseñar medidas de conservación y recuperación de la especie en uno de los ambientes naturales más singulares de Río Negro.

Fuente: Medios.

Publicidad

Últimas noticias