La investigación tuvo un recorrido complejo y estuvo incluso cerca de quedar archivada. La insistencia de la querella en incorporar nuevas pruebas permitió reactivar el expediente y llevar el caso a un juicio por jurados, que terminó con un veredicto unánime de culpabilidad.
La víctima acudió en febrero de 2024 al estudio del abogado Carlos Caroselli y relató que había sufrido abusos por parte de la pareja de su madre desde los 7 hasta los 26 años. Según su relato, el hombre había presentado esas situaciones como algo habitual dentro de la familia y utilizaba distintos mecanismos de manipulación y castigo para mantenerlas en secreto.
Caroselli la acompañó a la Fiscalía de Neuquén para realizar la denuncia. A partir de lo que contó la mujer, el abogado solicitó que se realizara un allanamiento en la vivienda del empresario para buscar unos cuadernos en los que, según había relatado la víctima, estaban registrados los abusos.
El procedimiento se concretó tres días después y permitió secuestrar los cinco cuadernos que terminarían convirtiéndose en una de las principales evidencias de la causa.

La causa había sido archivada
Pese a la incorporación de esa prueba, entre julio y agosto de 2024 la Fiscalía había dispuesto el archivo de la investigación.
La querella impugnó la decisión dentro del plazo establecido y consiguió que la presentación fuera concedida. Sin embargo, la causa no se reabrió inmediatamente: la investigación retomó su curso recién en febrero de 2025.
Durante ese período, la querella impulsó una investigación propia, incorporó testimonios y solicitó distintas medidas de prueba. Para Caroselli, la impugnación del archivo fue determinante para evitar que el caso quedara cerrado.
Finalmente, la investigación avanzó hasta el juicio por jurados, donde se presentó la evidencia reunida durante el proceso.
Los cuadernos fueron una prueba clave
Además de los testimonios de la víctima, las pericias y otros elementos incorporados durante la investigación, los cinco cuadernos secuestrados en la vivienda tuvieron un papel central durante el juicio.
Por protección de la víctima, el contenido específico de los escritos no fue difundido. Durante el debate, una integrante de Seguridad Personal de la Policía explicó qué contenía cada uno de los cuadernos, mientras que otros testigos declararon sobre su existencia y contenido.
Los registros funcionaban como una especie de diario íntimo en el que J.R. hacía escribir a la víctima desde que era menor. De acuerdo con la acusación, allí quedaban asentados episodios que el hombre presentaba dentro de un sistema de creencias y reglas que había impuesto en el ámbito familiar.
La querella sostuvo que ese mecanismo permitió naturalizar y ocultar los abusos durante años.
Antes del juicio, los abogados de la acusación remarcaron ante los jurados la necesidad de analizar el conjunto de las pruebas y no quedarse únicamente con una primera impresión del caso.
Durante la deliberación, los 12 integrantes del jurado popular solicitaron volver a revisar los cinco cuadernos incorporados como prueba. Luego regresaron a la sala y emitieron un veredicto unánime de culpabilidad.
El juez impuso 17 años de prisión
Tras el veredicto comenzó la segunda etapa del proceso, destinada a determinar la pena. La Fiscalía y la querella habían solicitado 20 años de prisión, mientras que la defensa pidió una condena de siete años y medio.
Finalmente, el juez técnico Marco Lupica Cristo impuso una pena de 17 años de prisión efectiva. La acusación había considerado la duración de los abusos, el daño provocado a la víctima y la continuidad de las conductas para fundamentar el pedido de pena.
Para Caroselli, la sentencia representó el cierre de una etapa para la víctima, que atravesó la investigación y el juicio durante aproximadamente dos años y medio después de realizar la denuncia.
El desafío después de la condena
El caso también dejó expuesto el proceso que atravesó la víctima para romper con el mecanismo de manipulación que, según la acusación, se había extendido durante años.
Los mismos cuadernos que fueron utilizados dentro de ese sistema terminaron formando parte de la prueba que permitió acreditar los hechos durante el juicio.
Ahora, mientras espera que la sentencia quede firme, la mujer enfrenta una nueva etapa de su vida después de casi dos décadas de abusos y de los años posteriores dedicados a denunciar, investigar y llegar a juicio.
El rol de la Educación Sexual Integral
Para el abogado querellante, el caso también plantea la necesidad de fortalecer las herramientas para la detección temprana de abusos sexuales contra niños, niñas y adolescentes.
Caroselli señaló que los abusos comenzaron cuando la víctima tenía 7 años y consideró que el sistema educativo debe contar con herramientas para detectar cambios de conducta y posibles situaciones de violencia.
En ese sentido, destacó la importancia de que docentes y equipos especializados puedan identificar señales de alerta y activar mecanismos de intervención ante posibles casos de abuso.
Fuente: Medios

